Estos son los versos que en lengua vulgar –no en latín clásico–, escribiera el florentino Poliziano (Angelo Ambrogini, 1454-1494), para describir y exaltar la pasión que sentía Guliano de´Medicis por la bellísima Simonetta Cattaneo, musa inspiradora de poetas, músicos y pintores. Los versos –de los que nos han llegado 171 octavas, estando el original incompleto–, fueron escritos según las reglas del Stil Novo (el nuevo estilo), clacisista-bocaccista del Renacimiento, y los reproducimos en el idioma original, para no desvirtuar con la traducción, el profundo sentimiento que de ellos emana:
Già s'inviava per quindi partire,
la ninfa sovra l'erba, lenta, lenta,
lasciando il giovinetto in gran martire,
che fuor di lei ormai null'altro omai talenta.
Ma non possendo el miser ciò soffrire,
con qualche priego d'arrestarla tenta;
per che, tutto tremando e tutto ardendo,
così umilmente incominciò dicendo:
Ell'era assisa sovra la verdura
allegra, e ghirlandetta avea contesta
di quanti fior creassi mai natura,
de' quali tutta dipinta era sua vesta.
E come prima al giovin puose cura,
alcuanto paurosa alzò la testa:
poi colla bianca man ripreso il lembo,
levossi in piè con di fior pieno il grembo.

Simonetta Cattaneo por Boticelli
"Io son qual tua mente invano auguria,
non d'altar degna, non di pura vittima;
ma là sovra Arno innela vostra Etruria
sto soggiogata alla teda legittima;
mia natal patria è nell'aspra Liguria,
sovra una costa alla riva marittima,
ove fuor de' gran massi indarni gemere
si sente il fer Nettuno e irato fremere..
Sovente in questo loco io mi diporto,
qui vengo a soggiornar tutta soletta;
questo è de' mia pensier un dolce porto,
qui l'erba e' fior, qui il fresco aier m'alletta;
quinci il tornare a mia magione è accorto,
qui lieta mi dimoro Simonetta,
all'ombre, e qualche chiara e fresca linfa,
e spesso in compagnia d'alcuna ninfa.

Simonetta Cattaneo pintada por Botticelli como Venus (Londres, National Gallery).
Estos deliciosos versos, me hacen pensar que quien realmente estaba enamorado de Simonetta era Poliziano. Y no sería extraño suponerlo, ya que se cuenta una tierna historia del amor platónico que sentía Botticelli por la hermosa joven genovesa, cuya belleza deslumbró a muchos hombres y enardeció a varios corazones, entre ellos a los de Giuliano de´Medicis, hermano de Lorenzo el Magnífico.
De todos los estudiosos del Renacimiento, la mitad sostiene que la relación amorosa entre Simonetta y Giuliano sólo fue platónica, mientras que la otra mitad opina que la relación excedió el marco de lo platónico y fue intensamente carnal.
Lo cierto es que la bella Simonetta –prima de Américo Vespucio y esposa de Marco–, ha sido interpretada por algunos críticos como la temática de varios de los cuadros del pintor florentino, que en “Venus y Marte” retrata a ambos personajes. No contento con eso, los rasgos de la bella florentina se repetirán, una y otra vez, en la obra de Boticelli: sus cabellos rizados de color rubio trigueño, sus ojos entre verdosos y miel, casi dorados, la mirada mansa, los rasgos tiernos, los labios pulposos y la piel blanca como el mármol, que son la representación de la mujer-modelo de la época, preferidas por el artista.

Simonetta Cattaneo, óleo de Piero di Cosimo, 1500.
Para desgracia de muchos, la joven Simonetta murió joven, en 1476, víctima de la “tisis” o tuberculosis. falleció tísica en plena juventud en 1476. A su amado Giuliano, no le fue mejor en esta vida.
El 26 de abril de 1478 el enfrentamiento entre las dos familias más poderosas de Florencia, hizo eclosión. Y si se quiere rastrear el origen de esta disputa, hay que dedicarse a estudiar la historia de los Medicis y sus alianzas políticas y económicas con otras ciudades-estado como Milán y Venecia, a fin de seguir manteniendo la hegemonía florentina, y neutralizar las ansias de poder de Roma y Nápoles.
Eran muchos los descontentos con el poder de los Medicis. Los miembros de la familia Pazzi, eran de los peores. Ellos fueron los que, en complicidad con el arzobispo de Pisa y Girolamo Riari, sobrino del papa Sixto IV, instigados por el duque de Urbino –Federico de Montefeltro–, dieron el golpe que acabó con la vida de Giuliano pero no con la de Lorenzo, quien se salvó por los pelos, frustró las expectativas de los conjurados y encabezó a los florentinos que llevaron a cabo la violenta represión que siguió al asesinato.