Lo han llamado vividor, aventurero, gamberro, diletante, libertino, incestuoso, juerguista, golfo, cínico e impostor.
Parece mentira, pero hay quienes se han puesto a discutir si sus amantes fueron ciento veinticinco, ciento dieciséis o mil cuarenta. ¿Qué más da?
En todo caso, y tal como lo relata en sus memorias, fue un bufón de su propio tiempo que se burló de la moralina, saltándose los falsos principios por arriba, y llevándose a la cama a cuanta mujer se le cruzó por el camino sin importarle edad ni condición. Tanto le daba una noble como una cocinera; una condesa que una prostituta de los bajos fondos; una tierna jovencita adolescente que una madura señora de su casa. Y no nos cabe duda que las gozaba a ambas por igual y, de ser pertinente, a las dos al mismo tiempo. Gustaba tanto de las mujeres como de las ostras, y no se privaba de llevarse a la cama a las primeras y atiborrarse de las segundas.

Se lo acusa de haber engañado a todas sus mujeres y él no lo niega, pero también relata en sus memorias que se dejó engañar por ellas, porque era la forma en que se desarrollaba el juego por esos tiempos.
En el prefacio de sus memorias escribe: "Por lo que a las mujeres concierne, se trata de engaños recíprocos que no entran en la cuenta, puesto que cuando el amor se mete por medio, es cosa común que los unos se engañen a los otros". De modo que él, en lo posible, no engañaba a ninguna y como muestra de buena fe, les proponía un encantador ménage a trois, como lo pintó Leroux en su magnífica obra.

Lo cierto es que amó a todas las mujeres que pudo y, como no hay nadie que lo desmienta, tenemos que aceptar que las dejó bien contentas a todas, y muchas debieron agradecérselo porque después que él les enseñara los principios del arte del amor, la deben haber pasado de maravillas.
No resultaría extraño pensar que en esa época sus amores deben haber engendrado una buena cantidad de retoños no reconocidos, y sin embargo parece que no fue así, aunque tuvo varios hijos naturales. Muchos menos de los que es razonable suponer.

Y es que ese juerguista incorregible, el gran amador desde Turquía hasta España, había desarrollado y usaba regularmente un singular método anticonceptivo para no dejar en estado interesante a cuanta fémina pasara por su lecho. El curioso método ?que él mismo describe en sus memorias?, era una bolita de oro, de alrededor de 50 gramos o algo más, que introducía en la vagina de la amante de turno, con el fin de obstruir la entrada del semen, por lo que se lo puede considerar un verdadero adelantado en el desarrollo de contraceptivos. Nos preguntamos cómo haría para convencerlas para utilizar el ingenioso artilugio. En todo caso bien agradecidas que debieron estar las señoritas, las señoras, las amigas, las parientes y las vecinas de encontrarse con un hombre tan considerado para la época.
Y ahora, La Primicia:
A partir de mañana, 3 de setiembre de 2005, este blog inaugura una nueva sección: Novela por entregas, en la que se publicará exclusivamente los sábados y domingos, un capítulo o fragmento de capítulo de una novela erótica inédita y subida de tono, si se entiende lo que digo. Título de la novela y autor, constituye parte de la sorpresa. De modo que a no perderse las entregas de esta experiencia literaria que, a la manera de Dickens, ofrecemos a nuestros lectores a quienes en nombre de todos, agradezco el leernos día tras día. Sin ustedes, no hubiera sido posible.