En ese orden ha pasado a la historia Julia, hija de César Augusto, nacida en el 39 a.C. de la unión de éste con Escribonia, su primera esposa.
Julia era hermosa sin limitaciones y por donde se la mirara. Desde pequeña fue la gran preocupación de su padre, que necesitaba casar a su hijita díscola para tener un yerno o un nieto que lo pudiera suceder. Por ello la casó primero con Marcelo, que murió muy joven. A continuación la casó con su amigo Agripa,... [continúa]
A ti, con todo y tus espinas
–No, por favor, no le quite las espinas.
Una y otra vez debo pedirle lo mismo a la florista. ¿Cómo hacer para que entienda que el atractivo de la rosa está en la delicada suavidad de sus pétalos, en el exquisito aroma de su perfume, en la gota de rocío que se esconde en su interior, en la perfecta erección de sus tallos y en el filoso peligro que encierran sus espinas?
–Si se las quita, sería otra flor más –le aclaro.
Mueve su... [continúa]
En toda mitología, la imagen del miembro masculino fue utilizada por la mayor parte de los pueblos antiguos como símbolo de reproducción. En muchos museos puede uno encontrarse objetos, pinturas y figuras que no deber ser mirados como meramente pornográficos, sino como representaciones de culto a ciertas divinidades.
Nada tienen de obsceno –a excepción, claro está, de quien tenga la obscenidad instalada en su cabeza–, y son considerados parte de la cultura de la humanidad.
Estos... [continúa]
“Creo que los lectores se encuentran ante un libro en el que las explicaciones son claras, sencillas y en el que no hay juicios de valor sobre la sexualidad, simplemente explicaciones claras y concretas con el fin de estimular la imaginación, esclarecer dudas, denunciar mitos y tabúes que no sólo hacen daño sino que limitan el placer”, declara Alicia Galloti, autora de varios libros sobre sexualidad, entre los cuales el último se titula “Kama Sutra del sexo oral”.
Publicado... [continúa]
Si dijera que con esa mujer perdí la inocencia, estaría siendo injusto e ingrato.
Cuando le hice lugar y se metió en la cama desnuda y tan excitada como lo estaba yo, Letizia me estaba haciendo el más hermoso regalo que un hombre puede recibir al iniciar ese camino a veces muy difícil de transitar, que es el de la sexualidad.
Quizás haya quien esté esperando que cuente con lujo de detalles lo que ocurrió en esa cama, esa noche y las dos siguientes, porque así transcurrió ese fin de... [continúa]
Sin haberlo pensado, sin expectativa alguna, sin premeditación ni malicia, con naturalidad y una ternura infinita, Letizia me enseñó esa fría noche de julio qué era ese misterio de hacer el amor con una mujer, y me regaló la magia.
Cuando abrió la puerta, de alguna manera supe que esa noche iba a marcar un antes y un después. No sé cómo, pero tuve esa certeza.
–Hola, cadetito, pasá –dijo.
Y cuando cerró la puerta y me saqué la gorra, me dio un beso con los labios rozando la... [continúa]
Pasó el tiempo. Cuando se es adolescente, el tiempo vuela, ahora se me antoja evanescente. Como sea, desde ese primer beso en la boca, en esa inolvidable Nochebuena, algo había cambiado. ¿Cómo explicarlo? Hoy, me siento capaz de identificar la sensación, pero en ese momento no tenía ni idea qué me ocurría. Se trataba de la casi certeza de que esa mujer –cuando yo tenía quince años Letizia había cumplido los veintisiete–, ya no me miraba como antes. Que yo había dejado de ser el niño... [continúa]
A Mandingo
Hace rato que no sé de ti, de modo que entro al estudio a buscarte.
–Amore –te llamo–, “cosa fai?
Estás frente a la computadora y te das vuelta en la silla giratoria. Me diriges una mirada de desprecio absoluto. No tengo tiempo de preguntarte qué te sucede porque veo que estás desnudo y que tienes una formidable erección. ¡Ah, qué delicia! La excitación me recorre la columna como si fuera un latigazo.
Nunca antes te había visto... [continúa]
¿Cómo olvidar el primer beso? Tan imposible como olvidar la imagen de esa mujer. Porque para mí, a mis quince años era una mujer aunque ahora las de su edad no pasen de chiquilinas con cuerpos que les quedan grandes.
No era muy alta –¿metro sesenta, centímetro más, centímetro menos?–, y para la moda de la época tenía todo lo que una mujer tiene que tener, en su lugar y dispuesto de maravillas. Si Leonardo hubiera vivido, quizás le hubiera aplicado el Phi, ese místico número... [continúa]
Fue también en esas vacaciones en la playa, cuando sentí, por primera vez, la emoción de la complicidad y la intimidad con una mujer. No sé cómo explicarlo, quizás no haya palabras para describir de qué se trata, y entonces quizás, si cuento lo que ocurrió, lo comprendan.
Con Letizia solíamos salir a caminar temprano por la playa casi todos los días, a esa hora en que están solamente los pescadores, porque prefieren la soledad a las multitudes de veraneantes. A veces caminábamos mucho, y... [continúa]
No me fue fácil decidirme a escribir, porque no soy alguien que escriba habitualmente y porque ordenar los recuerdos y ponerlos en palabras para alguien que no está acostumbrado a sentarse frente a la computadora no es una tarea sencilla. Por eso, antes de empezar, debo agradecerle a Silvia Bonasi que me haya tranquilizado explicándome que todos los textos, sin desvirtuarlos, pasan por el proceso de corrección y allí se encargan de la ortografía, de acomodar las comas y los... [continúa]
Reflexión: para bien o para mal, una nunca se olvida de esa primera vez. Yo, la recuerdo como si hubiera sido ayer. La llevo en mi memoria como una de las experiencias más hermosas de mi vida. Recuerdo la tarde de primavera, a la salida de la facultad, la charla en el café, las mariposas blancas aleteándome en el estómago, la humedad que rezumaba entre mis piernas porque me la veía venir.
Tuve la inmensa fortuna de que mi primera vez me haya confiado a las manos expertas de... [continúa]
En las ruinas de Pompeya, cerca de Nápoles, en las ruinas de una construcción llamada La Villa de los Misterios, un conjunto de frescos que decoraban las paredes del tablinum –el comedor–, y que fueron datados como de mediados del siglo I a.C. Esos frescos, que corresponden al tipo de pintura pompeyana, son el más antiguo de los restos de pinturas murales de la antigüedad, y constituyen una excelente muestra del llamado estilo arquitectónico o segundo estilo.
El... [continúa]
Anoche quise tocar el cielo
de lo profundo al más alto vuelo
“Escándalo en tus mejillas”
Yordano
Otra vez con insomnio.
Cuando sale la luna llena se te hace difícil conciliar el sueño. La luz filtrándose en la habitación, no te deja dormir. Te percibo –despierto o dormido–, dando vueltas y más vueltas en la cama, como buscando ponerte a buen recaudo de esos rayos que parecen perseguirte.
¿Sabes? Al principio... [continúa]
Parece ser una constante en la historia, que las casas de citas –prostíbulos, hoteluchos, albergues para los amantes–, por lo general tienen su ubicación en los barrios bajos y cercanos a los puertos. En Grecia, los lupanares se concentraban en El Pireo, de Atenas, aunque pareciera que sólo era para sosegar los ánimos exaltados de los hombres de clases bajas.
Sólo Corinto superó en fama al submundo del mercado del sexo de Atenas, quizás debido a que se lo asocia con el... [continúa]
Sí, tal como lo leéis. Me gustaban –y me siguen gustando, aunque ya no me produzcan el mismo cosquilleo que en aquellos tiempos–, las historias y las películas de piratas, esos “Perros del Mar”, considerados el terror del Caribe, que se dedicaban a depredar las tierras del Nuevo Mundo, gracias a la patente de Corso que le extendía Su Majestad.
Creo haberme iniciado con “La Isla del Tesoro”, de Robert Louis Stevenson. Posiblemente, una de las que más me gustó fue “La Taza de Oro”... [continúa]
En la Grecia antigua Esparta con su sencillez y su orden, en comparación con la espléndida Atenas, debe haber sido un dechado de virtudes guerreras y cívicas. De esa sociedad de soldados, no perduran monumentos ni espectaculares ruinas para regocijo de los arqueólogos de nuestro tiempo. Sólo se recuerda su prestigio debido a la grandeza histórica de sus hombres, sus leyes rígidas, su austeridad, el coraje de sus ciudadanos y el poderío de una ciudad que no necesitaba de... [continúa]
Lo mío parece ser grave. Debo ser una nostálgica contumaz, una romántica retrógrada, nada fashion, que se ha quedado anclada en un pasado que –teniendo en cuenta las modas de este mundo progre, globalizado, materialista e hiper individualista–, se me hace tan remoto como los trajes con chaleco que usaban los hombres.
¿Camas separadas? ¿Una opción diferente?
Pero si hasta ayer nomás, una esperaba el momento de compartir la cama con su hombre, con ronquidos o sin... [continúa]
Ya Ovidio, en uno de sus escritos, hablaba de Sipylus, y en él parece haberse inspirado Gerolamo Fracastoro, para nombrar por primera vez a Syphilis –alterando el nombre–, siguiendo una costumbre de los humanistas de la época. Fracastoro había nacido en Verona, en 1478 y según consta, debió haber vivido unos 75 años. Estudió en Padua, ciudad que destacaba por su universidad y por la excelencia de sus estudios y la celebridad de quienes allí estudiaban, como... [continúa]
Para que se animen a bailar con pasión
Parada frente a mí tu traje es un revoloteo de lunares blancos y negros, de tanto vuelo: la amplia falda negra, encaje y lunas blancas, cielo negro, anticipo del deseo. Un corsé negro como la noche más cerrada, tan descotado que puedo ver la zanja prometedora de tus senos, miel y fuego. Las flores de gasa que sujetan tu cabello oscuro, ala de cuervo y el resplandor de los aretes de plata que cuelgan de tus orejas.
Sin... [continúa]
¡Jo-der! (disculpad el exabrupto).
Hasta donde me da la memoria, Cosmopolitan era una revista de esas que se autotitulaban “respetables”, para señoras de su casa, para amas de casa honestas que esperan a su maridete con la comida en la mesa y en los cajones, espigas de lavanda para que las camisas huelan mejor y los niños aseados y dormidos en sus cuartos.
Pues algo ha pasado en este mundo en algún momento de la historia reciente, y yo me lo he perdido.
Como... [continúa]
Hace muchos años que no nos vemos. Me queda de ti un único recuerdo, pero se me antoja la imagen de una escena de una película. En la cama, con tu expresión lánguida y tu semblante adolescente, me hablas de Cocteau y de temas que ni conozco, ni me importan. Por lo menos, en este momento.
De pie, delante tuyo, inmóvil y sin saber que hacer, mi silueta proyectada hacia la cama, las paredes que se alargan y tú que te haces muy pequeño.
¿Te has dado cuenta por fin? Sí,... [continúa]
¡Pero qué novedad! Resulta que una de las razones más frecuentes que hacemos las mujeres respecto de nuestra sexualidad, están relacionadas con la dificultad para alcanzar el orgasmo. ¿No me digas?
Parece ser que el orgasmo ya no es lo que era antes. Ahora, en una nota lo definen como “...una pulsión natural del organismo. Todo cuerpo tiene potencialidad natural de vibrar, de sentir esta pulsión. La intensidad, la frecuencia y la sensibilidad, la forma en que se siente es individual y... [continúa]
Hace más de un año, cuando empezábamos este blog, hablamos del que parece ser el nuevo paradigma de hombre del siglo, el Metrosexual. Ese que siendo adinerado, petulante, fatuo, estrepitoso, algo afeminado, egoísta, ególatra, materialista, acaparador, utilitario, vanidoso, presuntuoso, envanecido, pedante, vacío, presumido, fachendoso, soberbio, altanero, inmodesto, engreído, ostentoso, fantoche, aparatoso, rimbombante, teatral, pomposo, fastuoso, bufón, mequetrefe, marioneta,... [continúa]
Clara no logra conciliar el sueño. Busca a tientas, sobre la mesa de luz sus cigarrillos. Le resultan insoportables los ronquidos de su esposo, que duerme a su lado, boca abajo, sumido en el más profundo de los sueños.
Desde que se conocen, él siempre hace lo mismo. Transita entre sueños, ese largo después... El de la frase que Clara nunca va a olvidar. Por supuesto que el libro del que la extrajo y el autor del mismo, se han borrado de su memoria. Pero la frase no: “agonía, éxtasis y un... [continúa]
A eso de las cuatro de la mañana,
cuando invade un poco de frío la alcoba
y clarea el alba.
“Ausencia”, Manuel Machado
Aunque esté dormida, por extraño sortilegio, te siento llegar. Vas derecho al grano. Sin preámbulos. Tu boca se apodera de mis pechos. Basta el primer contacto de tu lengua para que mis pezones se endurezcan como piedras. ¡Ah! ¡Me has sorprendido otra vez, y no puedo ni quiero resistirme.... [continúa]
–A ver... Cada vez que pasan la noche juntos, ¿cuántas veces te lo cojés? –pregunto. Su amiga era de llamar al pan, pan y al vino, vino y no se andaba con rodeos. En su concepción del mundo y del sexo, seguía el lema: “¡Adelante y a toda máquina, y que los dormidos se jodan!”
–Una... –dijo
–¿Una sola? –abrió los ojos como platos –¿Una sola vez? Pero a ver, Diana... ¿vos sos boluda o te hacés?
–¿Por qué? Si se puede saber, digo.
–¿Cómo por qué? Pasás una noche... [continúa]
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