Colección Voyeur

Jueves 06 de Octubre de 2005
El encuentro

Hace muchos años que no nos vemos. Me queda de ti un único recuerdo, pero se me antoja la imagen de una escena de una película. En la cama, con tu expresión lánguida y tu semblante adolescente, me hablas de  Cocteau y de temas que ni conozco, ni me importan. Por lo menos, en este momento.
De pie, delante tuyo, inmóvil y sin saber que hacer, mi silueta proyectada hacia la cama, las paredes que se alargan y tú  que te haces muy pequeño.
¿Te has dado cuenta por fin? Sí, lo has advertido. Porque te callas y me rastreas con la mirada.
Te busco los ojos, quiero ahondar en tu interior. Quiero arañarte. Me imagino la textura de tu boca.
?Desnúdate ?dijiste.
No contestó mi boca, respondieron mis pezones, que se irguieron debajo de la blusa.
Decidí mostrarte mis pequeños pechos poco a poco, quitando botones uno a uno, para despertarte al primitivo y creí haberlo logrado.
Ahora es tu boca la que me busca y tus manos cálidas las que me reconocen. Me tumbaste sobre la cama así, sin más, yo, miré al techo y me puse a temblar como un pájaro caído cuando me subiste la falda, bajaste, percibí tu aliento entre mis muslos hasta que tu boca se adueñó de mi entrepierna.
Hoy, cuando lo pienso, ni sé cómo ocurrió. No te conocía de nada, sólo esa primera mirada cruzada en la cafetería, cuando me clavaste la mirada no más entrar.  Tus ojos... tan azules que daba la ilusión que se podía bucear en ellos.
Abajo, tu lengua acaricia mi sexo, que está ardiendo. Te escucho respirar, y oigo la mía. Incorporo un poco la cabeza, quiero ver, necesito mirar esa cabeza instalada entre mis piernas, esos rizos dorados de angelote y el calor que sube y me corre por el cuerpo. Placer desconocido, sensación nueva, experiencia distinta que cuando recién empezaba a gustarme, se interrumpe.

Algo duro a la altura de mi estómago me saca de la ensoñación, abro los ojos, miro al techo. Es duro y grande, y está caliente. Nuevo deseo. Quiero besarlo y recorrerlo, reconocer sus relieves con mis dedos, acariciarlo y después que me atraviese, que me empale, que me anegue y me transporte a otro estadio, allí, donde la imaginación no llega.
Me adivinaste el pensamiento, estoy segura. Me tomaste la cintura, me elevaste y tu dureza buscó el lugar, para forzar mi entrada. Se acomodó.  Unión perfecta. Acople misterioso. Conjunción.
Húmeda, anegada, te permites penetrar, caliente y suave. No sé en qué mundo estoy, adónde me transportas. Dulce placer. Otra vez, te veo en el bar, vuelves a acercarte. Me miras a los ojos, me sonríes y es como si siempre te hubiese conocido.
Tus manos sujetan con fuerza mis caderas, me pegas a tu cuerpo. Universo en armonía, conjunción delos astros. Quiero gritar. ¡Pero si ya estoy gritando!
Si la felicidad tiene momento, nombre y forma, ahí está.

* * * *

Tic-tac, tic-tac. El reloj desgrana el tiempo. Estoy dormida, o lo estaba hace un momento. Siento tu presencia a mi lado. Te despiertas y me miras. Yo finjo estar aun durmiendo. Te levantas, sigiloso y la brisa fría que me azota un costado.
No, no te vayas, por favor.
Pero te vas. Oigo el chasquido de la puerta.
¿Volverás mañana?
Olvidé darte mi número? está en la guía.
Olvidé decirte mi nombre? no puedo recordar el tuyo.
Hace muchos años que no nos vemos. Hoy, por esas cosas de la vida, te encontré tras el cristal de la misma cafetería. Ni siquiera me vistes. Lo único que se de ti, es que continuaste escribiendo, aunque no pasaste de artículos que nadie lee publicados en periódicos mediocres que nadie compra.
Tus ojos, siempre tan azules, pero se han opacado. ¿O es que a mí me parece?. El rostro, te ha cambiado, hombre maduro. En tus facciones, las huellas de una vida que parece no haberte tratado muy bien.
Me miras... ¿me has reconocido?
Yo me doy la vuelta y sigo mi camino, sin poder olvidar aquella primera vez.

Renata

Cuento que nos ha sido enviado por nuestra lectora Renata.
Me pregunto: ¿por qué son mujeres las que envían sus relatos? Hasta el momento, no sé que un hombre haya querido publicar algo escrito. ¿Qué os pasa, niñatos? ¿Estáis desmotivados?
Os dejo un besote. Gracias por estar ahí todos los días.

 
Publicado por Monserrat a las 05:00

Respuestas
06 Octubre 2005 - 13:01
Enviar un emaileros
Que bien escribes Montserrat! y muy bien también renata... Buena preguunta, por qué son las mujeres las que escriben mas cuentos?
06 Octubre 2005 - 17:08
Enviar un emailMonserrat Borras
No lo sé, Eros, amigo mío. Pero a ver... yo he estado en tu página, he visto la exquisita forma en que tratas los temas del erotismo y la sexualidad. ¿Por qué no te animas y nos escribes algo, guapo? ¡Anda, no seas así! Como dice Silvia en una de sus notas... "¿Qué? ¿Ya no hay hombres?" Aquí lo tenemos a Simón, solo entre nosotras... échale una mano, sé buen chico. Te dejo un beso. Monse.
06 Octubre 2005 - 21:17
Enviar un emailbrenda
hola acabo de descubrir su pagina y me parece increible es eritica y no vulgar felicidades espero un dia poder publicar algo con ustedes de nuevo felicidades

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