Reflexión: para bien o para mal, una nunca se olvida de esa primera vez. Yo, la recuerdo como si hubiera sido ayer. La llevo en mi memoria como una de las experiencias más hermosas de mi vida. Recuerdo la tarde de primavera, a la salida de la facultad, la charla en el café, las mariposas blancas aleteándome en el estómago, la humedad que rezumaba entre mis piernas porque me la veía venir.
Tuve la inmensa fortuna de que mi primera vez me haya confiado a las manos expertas de ese hombre joven, dulce, tierno y considerado, que me trató con el cuidado que las ameritaban las circunstancias.
¿Si sentí dolor?
Si me dolió, esa desagradable sensación se ha evaporado con el recuerdo, infinitamente más placentero, de abrir mis piernas y mi cuerpo al amor, de entregarme sin reticencias, de hacerme adulta, de ser mujer, de aprender a hacer el amor –que no viene en el paquete–, y no a tener un revolcón.

Me considero dichosa por ello.
Escucho ahora a las jóvenes de la misma edad que yo tenía en ese momento, hablar de la primera vez, como un mero trámite. ¿Qué ha pasado? ¿Quién y cómo han puesto el mundo de cabeza?
Y a propósito de la primera vez, mucho se habla y se escribe del cuidado que una joven deberá tener en ese momento para que el sexo no se torne traumático.
Claro que... ¿quién se ocupa de los jóvenes? ¿Qué nos hace pensar que la iniciación, para un adolescente, un muchacho o un hombre joven no es tan importante como la nuestra?
Para aquellas que creemos que somos las elegidas y que por eso merecemos todos los cuidados, a partir de mañana publicaré el relato de un hombre que se avino a contarme cómo fue su primera vez.
Espero que aprendan algo de él, y lo consideren seriamente. No me ha sido fácil convencerlo que escribiera su testimonio, que no es otra cosa que el reconocimiento a una mujer. Corregir el estilo, significó para mí un verdadero privilegio.
Por las duda, y para aquella de nosotras que opine lo contrario, le sugiero que reflexione. Si hay un momento en la vida de los seres humanos que tenemos que entregarnos y poder dar en la medida en que recibimos, es precisamente en el momento del amor. Por hacer lo contrario, estamos como estamos y tenemos la sociedad que tenemos.