Colección Voyeur

Miércoles 16 de Noviembre de 2005
Los amores de Napoleón: Josefina I

“No ha vuelto a visitar a una amiga que lo aprecia. La ha abandonado sin ninguna razón, cuando ella se siente tan tiernamente atraída.
”Venga usted mañana a comer conmigo; necesito verlo y discutir con usted sobre sus intereses.
”Adiós, amigo mío, un abrazo.


”Viuda de Beauharnais.

El 6 Brumario”

Tal el texto de la carta que Josefina le enviara a Napoleón Bonaparte el 28 de octubre de 1975, después que él comenzara a frecuentarla en el salón de Teresa Tallien, cuando las mujeres lo rodearon y Napoleón se atrevió a mirarlas con osadía, porque ya no era un don nadie. La Convención lo había designado comandante en jefe del Ejército del Interior.
Y entre todo ese jolgorio de mujeres, fue ella la que más le llamó la atención: una mujer mayor que él, de modales pausados, que se recoge el cabello con un pasador de oro, para enmarcar mejor su atractiva tez mate y que luce sus brazos desnudos y tiene –según Napoleón puede observar a gusto–, unos senos generosos y un cuello fino y largo, que se acaricia de vez en cuando con la yema de los dedos, para después juguetear con los bucles que adornan su frente.
Esa mujer es de fuego y para Bonaparte es como un imán que lo atrae con esa sonrisa brillante y desenfadada que pretende disimular con un falso recato.
Esa misma noche Josefina Beauharnais lo invita a su casa, en la calle de Chantereine 6 y cuando el joven general regresa a la habitación que ocupa en la calle de Nueve-Capucine, no puede conciliar el sueño.
Josefina es la viuda del general Beauharnais, guillotinado durante el Terror; que pertenece a la nobleza de las islas de la Martinica, Tascher de La Pagerie y que es muy diferente a las que conociera hasta el momento. Se ha enterado que es una de las amantes oficiales del poderoso Barrás, que tiene más de treinta años y dos hijos –Eugenio y Hortensia–, y que posiblemente sea rica.
La razón por la que no puede dormir es muy simple: él quiere a esa mujer. Será suya, como que se llama Napoleón Bonaparte.

Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie había nacido el 23 de junio de 1763 en Les Trois-Îlets –Martinica–, en una plantación de esclavos. Hija de Joseph-Gaspard de Tascher, caballero y señor de la Pagerie, teniente de la infanteria de marina, y de su esposa, Rose-Claire des Vergers de Sanois.
Su hermana mayor Catalina-Désirée, había estado prometida a un oficial de la armada francesa, Alejandro, vizconde de Beauharnais, pero la joven murió el 16 de octubre de 1777 y Josefina tomó su lugar y se  comprometió con el atractivo Alejandro.
En octubre de 1779, Josefina conoció Francia viajando con su padre y el 13 de diciembre de 1777, a los catorce años, contrajo matrimonio con Alejandro, con el que tuvo a sus dos hijos. Vivieron la vida de la alta burguesía y la nobleza hasta la Revolución. En marzo de 1794, durante el reinado del Terror, el Comité de Seguridad General arrestó a su marido que terminó en la prisión de Carmes. Como se consideró que Josefina estaba involucrada en los círculos contrarrevolucionarios, también fue arrestada en abril y compartió la celda con Teresa Tallien hasta julio, cuando se la liberó y no compareció en juicio por la intervención de la ciudadano Robespierre, “El Incorruptible”.
Su marido no tuvo tanta suerte: acusado de haber defendido la ciudad de Mayenne en 1793, y considerado como un aristócrata sospechoso, fue condenado de muerte y guillotinado el 23 de julio de 1794 junto a su hermano Agustín en la Plaza de la Revolución, en París.
Josefina debió haberse prometido no volver a sufrir ese padecimiento y a salvar a sus hijos, por lo que a partir de ese momento comenzó a comerciar con el bien más preciado que tenía: ella misma.
Un año después, y una vez que decidió permitir entrar a su casa a ese pequeño general originario de Córcega –y haberlo seducido como sólo ella sabía hacer–, tiene la certeza que su vida está a punto de dar un vuelco.
Max Gallo en su obra “Napoleón: La Novela”, lo imagina recibiendo la carta –cuyo texto encabeza esta nota–, doblándola cuidadosamente y despidiendo a sus edecanes con una sonrisa mientras una idea cruza por su cabeza: Esa mujer será mía, porque es mi deseo.

 
Publicado por Simon a las 05:00

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