Tanto revuelo, tanta alharaca que terminé por alquilar “Alejandro el grande”, dirigida por Oliver Stone –me gustaron algunas de sus películas, aunque esta no mucho–, e interpretada por Colin Farrell, en el papel protagónico.
Por lo que escuché y leí, este filme recibió críticas muy duras por haber enfatizado las cuestiones relativas a la vida sexual de Alejandro Magno.
Admito no ser una experta en este tipo de películas de épica histórica o como se llame este género. Sé que Simón es un fanático contumaz, por lo que voy a limitarme a hablar de la polémica respecto de la heterosexualidad, homosexualidad y/o –lo que fue peor para los críticos y la moralina hollywoodense–, la bisexualidad del conquistador, a quien parece que le gustaba jugar en ambos bandos tanto como combatir.
Un bufete de abogados griegos había llegado al colmo de amenazar con poner un juicio de esos que termina en indemnizaciones millonarias, si el beso que Alejandro Magno le da a su preferido y amigo de la infancia, Hefesión en pantalla resultara demasiado apasionado. Rara vez escuché de un requerimiento más desatinado. Y eso que Alejandro no era griego, sino macedonio, lo que para los griegos significaba poco menos que ser un bárbaro, de tan discriminadores que eran con todos aquellos que no habitaran la tierra helénica.
Parece ser que al público estadounidense lo que le molestó –entre otras cosas–, fue la representación de la homosexualidad de los griegos, que dista mucho de parecerse al concepto que se tiene en nuestro tiempo de lo que significa ser gay, con todas las clasificaciones que se le puedan aplicar de pasividad o actividad, con aspecto y maneras masculinas –lo que llama usualmente el gay macho– o afeminado. Pero bueno, es sabido que el público norteamericano se molesta por cada pavada, que mejor dejamos el tema acá.
La polémica parece haberla desatado el mismo Oliver Stone –vaya a saber debido al temor que su producción resultara un fracaso de recaudación–, cuando declaró a la prensa que “Alejandro sólo fue derrotado una vez en la vida, por los muslos de Efesión”.
Por todo lo que tan puntillosamente ha escrito nuestro compañero en esta misma página acerca del “amor griego”, la homosexualidad en el ejército griego no sólo que no era considerada ultrajante o pecaminosa, sino que era fomentada, puesto que nadie podía defender mejor a su compañero, que su mismo amante. De modo que no sé a qué viene este rasgarse las vestiduras.

Colin Farrell interpretando a Alejandro Magno
Colin Farrell, el actor que interpretó a Alejandro, por su parte, no se privó de hablar: “No hay mucho que decir. Ni gay, ni heterosexual, no hay terminología. Si lo quieren, Alejandro era un personaje bisexual, pero eso sigue siendo poner una etiqueta. Tuvo amantes gays, tres esposas, fue padre de tres niños... Bisexual, puede ser, pero es que tampoco lo veían de ese modo; entonces los hombre jóvenes solían dormir juntos. Son cosas sobre las que en aquel momento no se centraba la atención, como sucede en este mundo en el que vivimos, donde nos empeñamos en poner etiquetas”. Bien dicho.
No puedo juzgar el resto de la película desde otra óptica, porque como he dicho, no soy experta en este tipo de filmes. Dicen que la reproducción de las batallas fue desastrosa, que el vestuario estuvo muy bien cuidado y que hay ciertos detalles, como la reproducción de Babilonia hecha por el director, que resulta un fiasco y que hay episodios importantes que no aparecen, como el asedio de Tiro. Yo, no lo advertí, quizás porque no conozco tanto de la historia de la época.
Ahora, me pregunto: si Alejandro era heterosexual, homosexual o jugaba a dos bandas... ¿cuál es el problema?
El cabello rubio de Colin Farrell, que también parece haber sido motivo de crítica, no me pareció ni tan tan, ni muy muy... quizás porque los rubios carilindos, no son el tipo de hombre que me gusta.
Y si nos remitimos a la historia y vemos a los oriundos de Macedonia de hoy, no me parece que ese actor de el phisique du rol más apropiado.