Según los cronistas, Napoleón Bonaparte conoció a la bellísima adolescente Eugenia Desirée en la lujosa casa de la rue Phocéens, de Marsella, propiedad de los Clary, y le fue presentada por su hermano José Bonaparte, que había casado con Julie, hermana mayor de Desirée, lo que la convertiría en reina de España entre 1808 y 1814.
Las hermanas Clary eran ambas muy hermosas, pero la joven Desirée, con su rostro ovalado y su cuerpo esbelto era una tentación. Napoleón Bonaparte tenía veintiséis años y ella diez años menos, lo que no le impidió a Napoleón tomar su virginidad por asalto. El 21 de abril de 1794, cuando anuncian su compromiso, el joven oriundo de Córcega ya es el jefe del ejército de Italia, pero sueña tener una vida familiar como la de su hermano y durante un año ha sido novio de la joven.

Los hay que opinan que antes de Desirée, Napoleón tuvo relaciones con la ciudadana Felicidad Turreau en la Lombardía, cuando mandaba al grupo de soldados desarrapados, mal alimentados y peor armados que constituía su ejército.
La ciudadana Turreau era la esposa del convencional –diputado– Turreau, y fue ella misma quien esperó, sentada en el despacho que pertenecía a su marido, al joven general francés.
–Soy la ciudadana Turreau –dijo–. Y mi marido estará en gira de inspección hasta mañana.
No había nada más que agregar. Napoleón pasa con ella una noche y a la mañana siguiente Junot lo escucha decir: “Cabellos rubios, espíritu revolucionario, patriotismo y filosofía, todo en la misma mujer”.
Ella lo sigue a Niza y permanece algunos días a su lado, pero Napoleón no puede prestarle ya mucha atención. Se está preparando una expedición a Córcega para desalojar a los ingleses, y allí termina su romance con la ciudadana de cabellos rubios.
Con Desirée la relación perdura hasta que regresa a París, para revertir un nombramiento como comandante de una brigada de infantería, que en realidad no es otra cosa que una degradación. De allí le escribirá a su hermano: “... Creo que no mencionaste a Desirée a propósito. Si me quedo aquí, no sería imposible que me dejara llevar por la locura de casarme (...) El asunto de Desirée debe concluir o romperse. Espero impaciente tu respuesta”.
¿Qué había ocurrido con ese fulgurante amor que lo hizo soñar con formar una familia?
No es un misterio: había conocido a Josefina Beauharnais, esa mujer madura, experta y extremadamente sensual que le hará perder la cabeza.
Para resarcir a los Clary –tal vez para no comprometer el matrimonio de su hermano–, tiempo después, cuando la joven ya ha contraído enlace con el futuro mariscal Bernadotte , lo nombrará par de Francia, príncipe de Pontecorvo y Rey de Suecia. Este último título se lo adjudicó creyendo que era mejor que un francés se sentara en el trono de Suecia, que lo hiciera un extraño. Se equivocaba.
El mariscal Bernadotte fue uno de los más grandes problemas del Napoleón emperador, y terminará dándole la espalda no una, sino varias veces.
Ya en Santa Elena, cautivo y amargado, Napoleón le comentará al mariscal Bertrand –se dice que en Santa Elena éste fiel subordinado se hacía el distraído cuando su propia esposa se ofrecía a compartir el lecho con el ex emperador–, que había tenido que pagar el haber tomado la virginidad de Desirée regalándole un reinado a su marido, y todo para que terminara traicionándolo.