Colección Voyeur

Miércoles 30 de Noviembre de 2005
Amores de Napoleón: Paulina Fourés

Las noches de El Cairo para Napoleón debieron ser una tortura. Extrañaba a las mujeres, echaba de menos a Josefina y al mismo tiempo ?sabiendo que lo engañaba?, seguramente la odiaba como sólo puede odiar un corso.
Todos los que formaban aquel ejército que frente a las pirámides supieron que la historia los estaba observando la debían pasar muy mal en Egipto, pero Napoleón Bonaparte era el general y por eso los jeques le ofrecían todo tipo de mujeres, pero él rechazaba a la mayoría: ?... le parecen demasiado gruesas y viejas, masas de carne aceitosa...?, como dice Max Gallo en su obra.
Cuando los jeques notan su disgusto, le ofrecen a una jovencita de apenas dieciséis años, con la que parece haber pasado varias noches, pero como sea que haya resultado, se cansó de la muchacha.
Se dice que fueron Junot y Eugène de Beauharnais ?el hijo de Josefina?, quien le hablan de Paulina Fourés, la joven esposa rubia, seductora y alegre, esposa del teniente Fourés, perteneciente al regimiento de Les Chausseurs ?Cazadores?, que había acompañado a su marido, corriendo bastantes riesgos, disfrazada de hombre.
Paulina Bellisle ?tal su nombre de soltera?, era oriunda de Carcassone, costurera de oficio y su apellido le daría el apodo con el cual se había hecho conocer entre la oficialidad del ejército expedicionario en Egipto. La llamaban ?Belillotte?.

Napoleón ordena hacer los arreglos para conocerla y durante una velada, se pasa observándola toda la noche. Belillotte ha conseguido atraer la atención del general y avivar su deseo, porque el hombre especialista en medir a su adversario sabe leer las miradas de una mujer. Tiene veinte años, una larga cabellera rubia ?se comenta que sus cabellos como el trigo maduro son tan largos que podrían servirle como abrigo?, y si decidió seguir a su marido y sostenerle la mirada de esa forma, la jovencita ésa está dispuesta a cualquier cosa.
Luego de esa velada, el general dicta una orden: ?El ciudadano Fourés, que revista como teniente en el 22º regimiento de cazadores montados, deberá partir en la primera diligencia de Rosetta, viajar hacia Alejandría y allí abordar el buque, portador como es de una carta que sólo abrirá en alta mar, en la cual encontrará sus instrucciones?. Eso se llama, en la jerga militar: aplicar rango.
Y allí salió el buen Fourés, que no llegó lejos, porque el barco en el que viaja es asaltado por los ingleses, quienes vuelven a dejarlo en las costas de Egipto. Claro que antes de su llegada, en una cena ofrecida el primer día de Diciembre de 1978 Bonaparte usa una estratagema para llevársela a sus habitaciones: derrama un jarro de agua sobre el vestido de la joven, y la invita a acompañarlo para reparar el daño. La joven y osada rubia ni lo duda y lo sigue lo más campante y divertida por el juego.
Así comenzó un romance durante el cual Paulina Fourés se instaló en una casa que Napoleón consiguió, junto al palacio donde tenía su residencia. Hasta su oído llegó la voz que a la hermosa jovencita también la apodaron ?Cleopatra? o ?nuestra soberana de Oriente?, pero eso al general no le importaba, porque el cuerpo esbelto, la piel joven, la frívola espontaneidad con la que se comportaba y cómo lo satisfacía en el lecho, era más importante.
Entonces, intempestivamente, regresó el teniente de cazadores montados, y se encontró a su mujer en alegre convivencia con su general. Y si el tema no pasó a mayores fue porque Napoleón ordenó al subordinado a divorciarse, y hasta llegó a proponerle matrimonio a Paulina, con la condición que le diera un hijo. No pudo ser, aunque la joven argumentara que no era ni porque tomara precauciones, ni por su culpa.
Para tomarse revancha de los cuernos que le ponía Josefina, Bonaparte dejó que todo el mundo se enterara de su relación con Paulina.
Pero después de Gaza, Jaffa y el horror de la peste de San Juan de Acre durante el asedio, y pese a tomar la ciudad y derrotar a los turcos en Damasco, para luego ocupar Nazaret Napoleón decide volver a Francia. Lo decide la noche del 20 de junio de 1799 mientras Paulina duerme plácidamente junto a él, luego de servirle como el conquistador de Egipto lo merece.
Después dirán que regresó a Francia antes que el ejército expedicionario se amotinara. El día que cumplió treinta y un años, el 15 de agosto de 1799, termina una etapa de su vida y su relación con Paulina Fourés.
Sentada frente a él, e ignorante de su partida, le pregunta cuándo se divorciará de Josefina, ahora que ella es libre para ser su mujer, tal como se lo había prometido, o como había creído entender.
La respuesta de Napoleón le responde secamente y sus palabras no dejan lugar a duda alguna: ?Mi amante, es el poder y mi única pasión, mi única querida es Francia y ahora voy a acostarme con ella?.
Pero en París, espera Josefina dispuesta todo con tal de recuperarlo.

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
01 Diciembre 2005 - 00:37
Merceditas
Sabrá Ud. cuanto valoro y recrea en el placer de compartir esta historia, "Napoleón", desde la sutileza de Josefina por luchar por recuperarlo.Sesgos, de realidad y sin casualidad. Gracias.

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces