Era una muchachita alegre y algo casquivana que a los dieciocho años ya tenía en su haber su primer divorcio. Se llamaba Louise Catherine Eléonore Denuelle de la Plaigne ex esposa del capitán Revel, que era un hombre de cuidado, ya que había sido enjuiciado, condenado y encarcelado pro falsedad y robo.
Eléonore había nacido en 1787 y Napoleón la conoció a su regreso de Austerlitz, mientras ella trabajaba como lectora y dama de compañía de Carolina Bonaparte, y según las crónicas hizo todo lo posible para que el emperador se fijara en ella.
A la luz de lo sucedido, se ve que logró llamar la atención del hombre más poderoso de Europa, que gracias a su jefe de policía Fouché, se enteraba de todo lo que ocurría en Francia y en los territorios ocupados, pero que parece haber ignorado que la jovencita ?que lo visitaba por la noche en su alcoba?, se ufanaba de sus amores, y le contaba a todo aquel que quisiera escucharlo que era la amante del emperador, y que cuando se entregaba, y sin que él se diera cuenta, miraba el reloj colocado sobre la cabecera de la cama y se daba maña para adelantar la manecilla grande en media hora, sin que su amante lo advirtiera.
Y es que Napoleón, obsesivo del trabajo como era, la recibía en medio de su labor nocturna. De tal forma, cuando miraba el reloj y advertía que había pasado el tiempo que podía permitirse para su solaz, exclamaba ?¡Ya!!, pegaba un salto parecido al de un zapador en medio del combate, y abandonaba a toda prisa la habitación para continuar con su trabajo.

Cuando se dio cuenta que estaba ligeramente preñadita, empezó a hacer berrinches y a hacer correr la voz que el niño que llevaba en su vientre era de Napoleón, que la había dejado embarazada porque necesitaba tener un hijo que lo sucediera. El hijo que Josefina Beauharnais ya no podía darle. Se ha llegado al punto de asegurar que Josefina, en ese momento esposa legal de Napoleón y emperatriz, sabía de las visitas nocturnas de la picaruela Eléonore y fingía no darse cuenta, porque la joven la mantenía al tanto de todo lo que ocurría. Del mismo modo que Napoleón sabía que Josefina sabía que la jovencita le calentaba la cama por las noches.
Como sea, el 13 de diciembre de 1806, Elénore Denuelle dio a luz a un niño, al que llamó Charles, y al que Napoleón le otorgaría el título de conde, aunque no estaba muy convencido de su paternidad porque conocía con los bueyes con los que araba. Y es que la bellísima muchacha, de rostro aniñado, grandes ojos negros, cuerpo esbelto, senos erguidos y temperamento levantisco, también había obsequiado sus favores a otros hombres, entre los que se contaba a uno de sus más cercanos colaboradores, el gallardo y bien plantado mariscal Murat, a la sazón esposo de Carolina Bonaparte y cuñado de Napoleón. Por lo que se ve en el cenáculo del poder, nadie se privaba de nada, y menos a la hora de los placeres de la carne.
Como en la época no se conocía la comprobación de paternidad por el ADN, la joven casquivana sólo pudo apelar al escandalete para que el emperador reconociera al hijo que había tenido, uno de los tantos ilegítimos que se le atribuyen.
No puedo evitar pensar en Murat. ¿Ustedes tampoco?
PD: ¡Por cierto! Por si no volvemos a vernos hasta el lunes, ¡FELIZ NOCHEBUENA!