Colección Voyeur

Viernes 30 de Diciembre de 2005
Amores de Napoleón: Mademoiselle Georgina

Se llamaba Margarita Josefina Weimer, pero como a Napoleón no le agradaba ninguno de sus nombres, decidió que se llamaría Mademoiselle Georgina. Como era su predilección, la Weimer también era una joven actriz de teatro, que rivalizaba con Madame Duchesnois.
Y a propósito de ella, su relación con el Primer Cónsul no se trató de un simple ?venga, la toco y se va?, entre dos cartas dictadas a sus secretarios o trazados de tácticas con sus edecanes. Mademoiselle Georgina le gustaba, y mucho.
La conoció en el teatro, en una representación de ?Ifigenia en Aulide?, interpretando el papel de Clitemnestra, y de inmediato le envió un mensaje: quería verla en Saint Cloud. Para ello, envió a su fiel ayuda de cámara, Constant, con la orden que la persuadiera a pasar por sus aposentos para felicitarla personalmente.
Georgina no se hizo rogar, y lo visitó por primera vez en una fría noche del 29 de noviembre de 1802.
Si se le da crédito a sus Memorias, la hermosa joven ?a quien Mirecourt definió: ?bella como los objetos antiguos, con estatura de reina y dueña de una espléndida hermosura??, el primer encuentro entre ambos terminó en cinco días y cuatro noches en Saint Cloud, pero sólo en la tercer noche se entregó a quien ya era el dueño de Francia y pronto el de toda Europa.
Personalmente, me cuesta creer que esa joven, que a los catorce años entregó su virginidad al apuesto actor Lafon ?de quien era amante al momento de visitar al Primer Cónsul?, haya tenido remilgos de compartir el lecho con ese hombre magnético y directo, y se haya hecho rogar durante tres noches. Claro que Mademoiselle Georgina escribió esas memorias cuando ya era casi una anciana y, se sabe, las mujeres anteponen la coquetería a casi cualquier cosa, especialmente cuando se trata de mostrar que una no ha sido en la vida una mujer de ?sí? fácil y dueña de bombachas con el elástico un poco demasiado flojo.

He estado leyendo por ahí que Napoleón detestaba, en la mujer, las manos y los pies toscos o mal cuidados. Parece ser que Georgina era la feliz propietaria de unas manos que hicieron historia y de unos pies haciendo juego.
Teófilo Gautier así se refirió respecto de las manos de Georgina: ?Tenía unas manos hermosas, llenas de hoyuelos, de las que se podría decir que eran manos dignas de una reina, hechas para sostener un cetro?. Ciertamente, aunque Napoleón aún no era emperador, seguramente las manos de Georgina sostuvieron, y bien sostenido, el cetro de Monsieur le Premier Cónsul.
Como suele suceder a espaldas de los poderosos, se sabe que cuando Gautier se expresó respecto de las ?manos de reina? de la Weimar, el gracioso que nunca falta, agregó: ?Sí, manos de reina... y pies de rey?. Por cierto, se desconoce ?al menos yo desconozco?, el nombre y el destino del mencionado gracioso.
Fue pareja ?como se dice ahora?, del Primer Cónsul poco menos de dos años. La abandonó cuando decidió ser coronado emperador. Ella misma lo cita en sus memorias.
¿Napoleón la amó? Posiblemente. Y fue generoso en extremo con ella, casi tanto como lo era con la veleidosa que tenía por mujer. Le entregó importantes sumas de dinero. Una pequeña fortuna, se entiende. Pese a ello, cuando la hermosa jovencita llegó a mujer mayor, lo había perdido todo hasta el punto que su sepelio y su entierro fueron pagado con el producido de una colecta que se realizó entre los bastidores de los teatros de París.
Margarita Josefina Weimer, Mademoiselle Georgina, murió en la miseria más absoluta a los setenta y nueve años, el 11 de enero de 1867 sin haber podido olvidar su amor con el hombre más grande de Francia.

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
02 Abril 2006 - 14:08
Enviar un emailjosefina
me llamo josefina y me gustaria saber si napoleon a ordenado matar a josefina y que significo josefina para el gracias
29 Julio 2006 - 14:46
Enviar un emailRapunzel
Napoleón Buonaparte amó a todas las mujeres que estubieron con él, pero personalmente, creo que puede que la que más le llegaron al corazón fueron Desireé Clary, Josephine y la Condesa Marie Walwska. Besos.

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