Hoy me toca a mí dejar este mensaje para despedir el año que está a punto de terminar, y para recibir el que está a punto de comenzar, y me privilegia. Por eso me he quedado solo en la redacción vacía. En un rato debo encontrarme con una de mis hijas y con su hija ?mi nieta?, para llevar a cabo ese rito en familia.
Quise dejar este post a esta hora, ni antes ni después. Porque a esta hora aproximadamente, en la mayor parte de los países de este hermoso planeta que nos alberga, estará terminando el año y comenzando el 2006. Que esté aquí antes de que den las doce campanadas y que se choquen las copas de champaña.

Año sorprendente, extraño, atribulado e intenso el que pasó. En esos trescientos sesenta y cinco día aquí, en la redacción, vivimos vivamente cada momento de alegría y también, algunos de tristeza. Hemos hecho las cosas bien, y algunas no tanto. En todo caso, hicimos lo mejor que pudimos.
Una desapacible noche de junio, aquí estuvimos Silvia Bonasi y yo, escribiendo a contrarreloj una nota para el domingo, porque las visitas habían trepado desmesuradamente debido a una nota que nos hicieron en un gran periódico de tirada nacional, que nos mencionaba como uno de los mejores blog del género en todo el mundo, hecho que nos llenó de alegría y quisimos compartirlo, pese a sacar de la cama a nuestra colaboradora.
Desde esa noche, nos quedaron lectores nuevos que nos siguen día a día y dejan sus comentarios o nos escriben. Otros han pasado, han estado un tiempo y se han marchado. Algunos sólo echaron una ojeada y siguieron de largo. Pero hemos cosechado muchos buenos amigos que siguen y nos acompañan pacientes, perseverantes e incansables, en nuestro camino.
Había pensado escribir acerca de nuestros planes para el 2006, pero en este momento he decidido que no. Que quiero que los sorprendan y nos sorprendan también a nosotros. Ya veremos.
Este año que ya termina, se ha incorporado al staff Anamar, que como lo habrán comprobado es una excelente escritora oriunda de Venezuela y, en lo personal una bella persona y estupenda compañera de tareas, que se ha permitido rebautizarme. Lo acepto, porque es una dama y no es justo desairar a una dama.
Cuando miro el blog y cuento los meses que han pasado desde aquellos primeros días de mayo de 2004, los recuerdos por momentos se me agolpan y luego ocurre algo extraño: se desdibujan, evanescentes como los segundos y los minutos, y se me da por reflexionar respecto de la vertiginosidad del tiempo y de cómo la vida produce encuentros y desencuentros con nuestros semejantes.
Hoy, estimados lectores ?damas y caballeros?, me ha tocado a mí, que no soy bueno para los discursos, y quiero dejar mi anhelo en forma de mensaje y mi saludo a todos mis compañeros de tareas: Simón, Monserrat, Anamar, Silvia, nuestra secretaria y nuestro Director General y también a todos aquellos que, invitados, quienes colaboraron esporádicamente con uno o dos trabajos. A todos ellos, les doy las Gracias.
¿Mi anhelo? ¡Ah, sí! ¡Claro!
Que todos quienes nos leen y quienes me acompañan para que este rincón del mundo virtual aparezca todos los días, consigan la Felicidad y la Prosperidad que hayan deseado. Que la Paz reine sus hogares y en su corazón. Que los esperen buenos tiempos. Que se crucen en la vida con gente amigable. Que tengan salud y trabajo.
A los que tengan amor de pareja, que lo cuiden, regando día a día la plantita que es, y que se alimenta de comprensión, cariño, ternura y pasión. A quienes aún no lo tienen, que lo conozcan. Y a los que lo perdieron, que lo encuentren. La vida, siempre da revancha.
A los que están sufriendo, que encuentren consuelo. Los que están alegres, que conserven y preserven la alegría, que no es poco.
Y que sepan en ese momento, cuando las doce campanadas empiecen a sonar y las copas se entrechoquen, allí estaremos nosotros, no presentes de cuerpo pero sí en nuestro espíritu para desearles a todos: ¡Feliz Año Nuevo!
Reciban mi abrazo y éste, mi deseo.