Jinete y montura
encastre perfecto.
La monta es la piel
el cabello, crines
las bridas, caricias
el jadeo, gemidos.
Volcán la montura
se prodiga, entrega;
el jinete, una cueva
húmeda, caliente,
se abre, derrocha
y se siente llena.

Con el paso lento
de los besos
y el galope largo
de los cuerpos.
Con el trote corto
y la cadencia
las carnes se unieron
fundieron los sexos,
unieron las almas
y se transmutaron:
caballos de fuego.
Aprovecho que estoy sola en la redacción para publicar este poema, aunque él no lo sepa.
¿Saben quién lo escribió? ¿A que no adivinan?
Nuestro director editorial.
¡Sí! "El Gran Cabronazo" en persona... bueno, también se lo conoce como el "Pigmalión de las Palabras", según una perspicaz definición de Anamar.
¿Lo pueden creer? ¿No les parece excelente?
Yo no me imaginaba que podía escribir así. Y menos aún, poesía.