Te conquisto,
te sometes.
Te invado,
te abres.

Tu cuerpo es un arco
tus dedos, diez garfios,
mi cuerpo, un ariete,
la piel, se encabrita,
mi boca demanda,
la tuya, se entrega;
tus piernas, tenazas,
los cuerpos, un nudo.
Y cuando te colmo
tu grito una urgencia
apremio y silencio.
Cuando trepas esa cima
hasta alcanzar tu orgasmo,
toda la luz del universo
fulgura en tus ojos
y te desnuda el alma.
Como me lo dijo Anamar por correo electrónico: "Silvia: cuando el gato no está, los ratones nos hacemos una fiesta".
Aprovechemos, entonces, que nuestro director editorial no está, para publicar estos poemas de su autoría.
¿No les parecen excelentes?
A nosotras, las mujeres de la redacción, sí.