Colección Voyeur

Viernes 03 de Febrero de 2006
Cómplices

Espero en medio del silencio y la oscuridad absoluta. Los dos hombres que recién conocí en una fiesta donde reinaba el aburrimiento me han vendado los ojos. Steve y Marco, crema y chocolate. Uno dulce, apasionado y reflexivo. El otro impetuoso, el epítome del macho, sexo en su estado puro. Fueron un huracán de palabras y seducción mientras bebíamos un vodka de excelente calidad. Luego me invitaron a que nos fuéramos a su apartamento, en el centro de la ciudad. Acepté, convencida de que pasaría una noche de ensueño.
?Pasa ?dijo Marco.
?Bienvenida a nuestro hogar ?agregó Steve?. ¿Quieres algo?
?Sí, gracias. Quisiera darme una ducha.
Salgo del baño sólo con el osado conjunto de ropa interior, todavía con la piel húmeda. Y excitada como pocas veces en mi vida. Allí está Steve con una venda en las manos y, sin explicarme nada, me pide que me dé la vuelta. Al hacerlo, diviso a Marco que, desnudo en la otra habitación y a todas luces excitado, sonríe. Steve termina de taparme los ojos, y me acaricia el cuerpo con suavidad y dulzura. Me escolta a ciegas hasta la habitación contigua y me tiende boca arriba sobre la cama.

Me deja allí, con el corazón latiéndome más a prisa de lo común, durante un rato. Cuando regresa procede a atarme las manos a la cabecera de una manera que, a pesar de los nudos, me permite mover el cuerpo.
Las manos en alto y atadas, y mi cuerpo a la búsqueda del placer que aquellos dos hombres ?¡mis dos hombres!? me dispensan con maestría. Sus caricias no me permiten entender quién me las prodiga.
El miembro que estoy lamiendo es ciertamente notable. La piel tiene un aroma y un sabor muy agradables. Puedo escuchar la respiración agitada del hombre al que estoy mamando. Su sexo ha ido creciendo en mi boca y ya siento la consistencia que me causa tanto placer. Succiono lentamente, lamiendo el grueso glande a lo largo del prepucio hasta la base, de proporciones excitantes. Me gusta, pero no sé cuál de los dos es. La lengua del segundo desconocido hurga en mi interior, impertinente, poniéndome en órbita lentamente.
?Abre las piernas.
?Date la vuelta.
Me pongo en cuatro patas, mostrándole mi tatuaje al hombre que se prepara a sodomizarse. Mientras continúo chupando desde la base hasta el glande el miembro de aquel hombre que empuja abriéndose paso hasta mi garganta, siento cómo el otro lubricaba mi ano. Sin ningún apuro, siguiendo aquel movimiento, engullo el sexo por completo. Estoy a merced de ellos, pero ciertamente la situación me excita. Ninguno de los dos pronuncia tan siquiera una palabra, sólo gimen y literalmente me están haciendo morir de placer.
Lo introduce con dulce violencia. ¡Es un espolón! Mi orificio anal no cede de inmediato y chupo con avidez, en espera del dolor que no llega. ¿Qué esperas?, pienso. ¡Se detuvo! Metió tan solo una parte del glande. Mi cuerpo desea el dolor y el placer...
?Detente. No sigas mamándome.
El que acaba de hablar se pone debajo de mí e introduce su miembro en mi sexo, mientras que el otro acopla su miembro en mi ano. Juntos embisten al unísono y comienzo a gritar, enloquecida de placer.
?Sí, en el culo. Dame. ¡Cielos, es enorme! ?chillo sin parar?. Encúlame? y tú también, al mismo tiempo. Vamos, demuéstrenme de lo que son capaces. No quiero detenerme ahora. ¡Fuerte, bastardos! Juntos. ¡Sí!.
No puedo ni creer en cuanto estoy disfrutando. Me siento usada y abusada en medio del silencio absoluto, mientras mi cuerpo se mueve, ofreciéndose impúdico. La maravilla inicial se ha transformado en sensaciones ardientes y el deseo se amplifica. Siento que el miembro que me está sodomizando se convierte en una espada que me traspasa con la lentitud del placer que experimenta el hombre que me está enculando. Sus manos sobre mis caderas aprietan mi carne, lacerándola con las uñas. Me gusta la sensación. Soy una mujer a quien le encanta sentirse utilizada. Me gustaría que me azotaran en este momento, pero enloquecería que alguno se atreviera a dominarme...
Estoy a punto de acabar. La cascada del orgasmo va creciendo dentro de mí. Lentamente atraviesa mi mente con la furia de un huracán y desciende como lava ardiente por mi espalda. Mi vagina mojada espera la anhelada descarga para luego explotar en miles de vibraciones. Grito, una y otra vez, inundada por la lujuria.
Mis dos hombres también explotan, juntos, dentro de mí.
De pronto, como si se hubiesen puesto de acuerdo, interrumpen sus movimientos y sin hablar se apartan de la cama. Permanezco atada al respaldar de la cama y mi sexo todavía desea ese miembro totalmente fuera de lo común que hasta hace unos minutos me cogía con violencia, incluso mi ano aún tiene ganas de volver a ser penetrado.
Una mano me agarra por los cabellos y me empuja hasta hacerme tocar con la boca un miembro ni duro ni grueso.
?¿Quién eres? ?pregunto, ahora sí algo atemorizada.
?A partir de hoy serás mi cómplice ?me dice aquella voz dulce, apenas un susurro?. Nos encontraremos cuando y donde yo decida o desee, y tú deberás estar preparada a vivir nuestra complicidad sin temores ni tabúes.
Tiemblo ligeramente, aunque no es de miedo.
?Nunca me verás, ni sabrás quién soy. Recuérdalo bien, ¡nunca! Estarás siempre vendada o en la oscuridad, así daremos rienda suelta a nuestra sexualidad. Dominaré tu cuerpo y tu mente. Nada de sadomasoquismo, sólo complicidad en su más pura esencia. ¿Estás de acuerdo?
No espera a que responda y continúa explicándome:
?Si ya tienes un hombre, no importa. Tú y yo, solamente, cómplices. Luego descubrirás la dulzura de ser mía, en la mente, en el deseo?
Sí, un simple gesto afirmativo con la cabeza. Estoy lista.
?Abre las piernas.
Es una orden a la que no me puedo negar. Estoy a su merced y me gusta.
Con una lentitud exasperante su lengua se adueña de mis grandes labios. Sus manos acarician mis muslos, deteniéndose en las corvas de las rodillas. Poco a poco el calor de sus manos se difunde y experimento nuevas emociones. Quiero sentir su verga. Lo deseo. Lo busco. Con las manos amarradas se me hace difícil.
?Dámelo, por favor ?suplico.
El sigue lamiéndome la base del clítoris y mete un dedo entre los grandes labios, buscando el punto que me hace enloquecer. Me conoce bien, sabe exactamente dónde tocarme. Sabe cómo excitarme. ¿Quién es?, me pregunto.
Me lame y me chupa como nadie lo había hecho hasta ahora. Me hace acabar en un orgasmo tras otro, sin pausa. Estoy exhausta y él ni siquiera me ha penetrado. Me besa succionando mi lengua y siento el sabor de mi sexo. Me va sosegando, acariciándome, derritiéndome. ¡Ya no está! ¡Se ha ido!
?¿Aló?  ?reconozco la voz, aunque no el número de teléfono. He esperado esta llamada telefónica con creciente deseo e impaciencia?. Mañana a las 3 de la tarde. Hotel Azzurra. Habitación doscientos trece. Vístete sólo para mí. Sabes lo que quiero, ¿verdad? Encontrarás una venda y la habitación estará en penumbras. ¡Te espero!
Mañana...

 

Le doy la bienvenida
Conocí a Stevan Soitel gracias a la magia de Internet, allá por agosto del 2004. La amistad entre nosotros surgió de manera espontánea. Nos bastó intercambiar las habituales frases de cortesía para que de inmediato comenzáramos a charlar como si fuésemos dos viejos compinches que vuelven a encontrarse después de mucho tiempo. Me hizo llegar sus relatos y, puesto que él no hablaba español, le mandé los cuatro o cinco míos que había traducido al italiano. Sus historias me cautivaron y calaron muy hondo dentro de mí. Poco a poco entre nosotros fue naciendo una complicidad creativa muy provechosa para ambos que perdura hasta la fecha y gracias a la cual nos consultamos ideas, escribimos algunos relatos a cuatro manos, nos ofrecemos soluciones cuando a alguno se le ?tranca el serrucho? y nos alabamos mutuamente.
A principios de año lo convencí de publicar algunos de sus relatos en este Blog, porque de veras me parecen buenos y me da sentimiento que estén marchitándose en la oscura y fría memoria de nuestros computadores sin que nadie más los lea y los disfrute. Hablé con nuestro Director Editorial para ver si estaba de acuerdo, me dio luz verde con la propuesta y me puse a traducir la historia que hoy les regalamos. Espero de todo corazón que este relato de Stevan les agrade y que sean tan generosos con él como lo han sido conmigo. De antemano, les doy muchísimas gracias y a ti, querido amigo, ¡la más cálida de las bienvenidas!

Anamar

 

 
Publicado por Stevan a las 05:00

Respuestas
15 Diciembre 2007 - 19:57
Angel
Amiguisss me perdí esta complicidad!!!! sabrás disculparme por aquellos días rondaba por otros Mundos... Besissss Te quiero.
15 Diciembre 2007 - 22:20
Enviar un emailAnamar
Amiga, este relato lo escribió alguien con quien tenía amistad en ese entonces. Yo sólo lo traduje para publicarlo acá. Gracias por leerlo y por el comentario. Cariños

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