La celebración de un día especialmente dedicado al Amor pudiera parecernos otro invento de comerciantes, dueños de restaurantes y floristerías para que gastemos nuestro dinero comprando obsequios, mandando tarjetas, saliendo a cenar o enviando ramos de rosas rojas. Sin embargo sus verdaderos orígenes son tan hermosos como el noble sentimiento que lo inspira y se pierden en los albores de la historia.
Según una de las numerosas explicaciones de por que se escogió esta fecha para conmemorar el amor se alega que en los países nórdicos los pájaros comienzan a aparearse hacia esta época, marcando el final del invierno y el principio de la primavera en aquellas latitudes. Otra versión indica que es una fiesta pagana adoptada por el cristianismo, ya que en la Antigua Roma el 15 de febrero se celebraba el día de la fertilidad o lupercalia. Durante dicha festividad se hacían sacrificios y los sacerdotes golpeaban con tiras de cuero empapadas en sangre a las parejas infértiles, las cuales luego se iban a sus moradas a tratar de concebir un hijo. Por lo tanto, las lupercalianas estaban asociadas con el amor y el sexo.
Como parte de estos homenajes al dios Lupercio, los romanos también acostumbraban a realizar una lotería de parejas. El procedimiento era bastante sencillo: las muchachas escribían sus nombres en unas tarjetas y los jóvenes procedían a sacarlos de una lotería. Las mujeres que eran seleccionadas servían ese año de compañeras a los hombres que las habían escogido, hasta que se realizara el próximo sorteo.

En cuanto a San Valentín propiamente dicho, cuenta la historia que en Terni, ciudad en el norte de Italia, había un sacerdote llamado Valentín que desafiaba las órdenes del Emperador Claudio II casando a las parejas que acudían a él. Su desobediencia le costó la vida y fue ejecutado el 14 de febrero de 270. Más de doscientos años después, cuando el Papa Gelasio prohibió las lupercalias, se tomó su figura como protector de los enamorados y la fecha de su ejecución para sustituir la festividad pagana. Hoy en día, los restos de San Valentín yacen en la Basílica de ese mismo nombre en dicha ciudad y cada 14 de febrero acuden a ella decenas de parejas para sellar su compromiso de unirse en matrimonio al año siguiente.
Pero sin duda alguna cuando hablamos de amor, la divinidad que nos viene a la mente es Eros o Cupido, ese travieso niño alado, armado con un carcaj repleto de flechas y de cuyo efecto no pueden sustraerse ni dioses ni mortales. Por cierto resulta sorprendente que el dios del Amor esté representado por un niño y en este sentido la mitología nos regala una sublime historia que quisiera compartir con ustedes. Su propia madre, Afrodita o Venus, se sorprendió cuando vio que pasaba el tiempo y la criatura no crecía como era de esperarse. Así que fue hasta el oráculo de Temis para consultarle y éste le contestó: "El Amor no puede crecer sin Pasión".
Lo cierto es que la madre no acabó de entender esa respuesta hasta que nació su hijo Anteros, el dios de la Pasión. Cuando estaba junto a él, Cupido crecía hasta convertirse en un apuesto joven; pero cuando se separaban, el dios del amor volvía a su forma infantil y seguía con sus travesuras.
Desde este Blog, en el cual rendimos culto y homenaje al erotismo, les deseamos que este Día del Amor esté lleno de esos arrumacos que se hacen los tortolitos, que sus corazones sean campos fértiles donde florezcan los afectos, que la lotería de la vida les depare compañeros estupendos, que sus sentimientos desafíen cualquier tipo de limitación o prohibición y que el amor crezca al calor de la pasión.
En nombre de todos los que hacemos Voyeur, les deseamos a todos nuestros lectores: ¡Felicidades en el día del amor!