Desenvolver un regalo por lo general nos resulta emocionante. Esto lo sabían muy bien los refinados aristócratas japoneses, quienes ya en el siglo VIII se "empaquetaban" el pene y lo ofrecían como obsequio a sus amantes.
Se trataba del sublime arte del tsutsumi, en el cual los genitales masculinos eran cubiertos con papel de seda y complejas fantasías de lazos, cintas y diversos adornos.
Con el paso del tiempo esta técnica fue retomada por el kokigami, es decir el origami o la papiroflexia aplicada al sexo.
El nombre viene de la combinación de dos palabras japonesas: koki, un trozo de tela que usan los actores nipones alrededor de la cintura, y gami, que significa papel.
Por aquel entonces los hombres de las clases altas se esforzaban por realizar intrincados diseños de animales o de personajes mitológicos, llegando a elaborar verdaderas miniesculturas para cubrir sus partes pudendas. No fue sino hasta finales del siglo XVII, cuando se abarataron los precios del papel, que el kokigami se difundió al resto de los estratos sociales.
En la actualidad los modelos son más sencillos. De hecho, ahora los hombres se limitan a enrollarse el miembro viril en una larga tira de papel de seda y las mujeres luego la desenrollan lentamente.
Aunque también hay una modalidad más creativa, que permite a los amantes seleccionar una figura, elaborar la máscara o disfraz para el pene, componer unos versos alusivos y recitarlos como parte del encuentro amoroso.

Hay en la web un sitio especializado, en el que se pueden encontrar varios ejemplos de este prelegómeno del acto sexual. Escogí la figura de Ryu, el Dragón, para mostrarles la poesía de tan sublime arte.
El juego comienza con el hombre que recita la siguiente frase a modo de introducción: ?El travieso dragón gusta de encender con sus llamaradas la oscura caverna enjoyada. Adentrándose en ella lenta y subrepticiamente?.
Mientras tanto se va cercando a la mujer con los brazos extendidos hacia adelante y los dedos de las manos recogidos como si fueran garras. Ella le responde : "¡Ven, fogosa criatura, ven!?.
Él continúa:
?¿Dónde están mis preciosas joyas? ¿Mis tesoros? ¿Mis trofeos? ¿Acaso los escondes en tu oscura caverna??, intercalando sus palabras con unos rugidos seductores.
La mujer sigue provocándolo: ?Ten cuidado, dragoncito. Las puertas de hierro podrían cerrarse y cortarte esa lengua de fuego?.
Así, con este juego, se dejan llevar por los senderos de la pasión...