Promontorios empinados
vestidos de terciopelo,
manantiales de vida.
Asoman en un valle de satén.
Prominencias henchidas,
igualdades asombrosas
diversidades tan sutiles.
Entre ambas, la hondonada.

Elevadas colinas redondeadas,
en cada cumbre afloran fresas,
atributos de pura leche y miel.
Voluptuosas ofrendas de placer.
Si en este preciso instante
me concedieran un deseo,
pediría volver a nacer una,
cien o diez mil existencias,
para perpetuar mis sentidos,
en esa suavidad deleitable
que son tus pechos, mujer.
© 2005 by L.V.