Cuando hablamos de bailes eróticos y seductores de manera casi inmediata nos viene a la mente el que es, posiblemente, el más voluptuoso de todos: la danza del vientre. Pero deberían haberlo visto en sus orígenes. En ese entonces sí que era subido de tono: culminaba con el orgasmo.
En la antigua versión denominada ghaziyeh, las bailarinas, que habían sido sometidas a la clitoridectomía , se pasaban una cinta o un velo entre las piernas hasta alcanzar el clímax. Mientras la variante llamada awalem servía como medio para la educación sexual a las jóvenes esposas.
Es el baile más antiguo en la historia de la Humanidad. Nació en Mesopotamia, la cuna de la civilización. Se han encontrado artefactos de antiguas bailarinas en Anatolia (la moderna Turquía) que datan de 10.000 a.C. Su connotación inicial era sacro-ritual y se utilizaba en el culto a las diosas Inanna, Ishtar, Tiamet y Astarte.
Arte milenario, rito de fertilidad, es un baile con música de percusión, melódico y hasta podría calificarse de hipnótico considerado como fruto y espejo de la naturaleza femenina, porque en el vientre habita el espíritu de la tierra: la gran madre, la hermana, la amante y la hechicera. Danza mágica, si las hay, que evoca con su melodía, la unión del misterio y la magia.

En el mundo árabe, sin embargo, no se llama danza del vientre. Este nombre se lo dieron los europeos y se trata de una equivocación, pues en este baile se utiliza todo el cuerpo y la parte más importante son las caderas. En Egipto se conoce como Raqs Sharqi y en sus inicios formaba parte de los rituales de las diosas Isis, Hathor, Neith y Maat.
Hasta la década de 1930 las bailarinas se presentaban en residencias particulares (en ocasiones de fiestas y otras celebraciones), cafés y palacios. Entonces, en El Cairo, una libanesa llamada Badia Mansabny abrió un nightclub llamado Casino Badia, semejante a los cabarets europeos. En esta época también surgió el traje de dos piezas adornado con lentejuelas, que actualmente asociamos con este baile oriental.
Aunque esta danza encuentra expresión en casi todas las culturas del Medio Oriente, hasta hace poco quedaban tan solo unas pocas decenas de bailarinas profesionales. Pero desde hace algunos años experimenta un nuevo auge y se ve limitado unicamente en las naciones islámicas.