Colección Voyeur

Martes 26 de Septiembre de 2006
El Gran Hermano observa

Todo aquel que esté dispuesto a viajar y conocer Roma debe saber con qué se va a encontrar: con un altísimo grado de polución ambiental, con un tránsito infernal a toda hora y con legiones de profesionales del sexo que tanto de noche como de día, ofrecen sus servicios a los viandantes y a los automovilistas, sean vecinos de la Ciudad Eterna, italianos de otros lugares de la península o extranjeros.
Consecuentes con la historia de esas tierras, las prostitutas de Roma no sólo que se ofrecen a toda hora, sino que hacen su trabajo casi en cueros –apenas si se ponen algo de abrigo en invierno–, calzando zapatos de tacones muy altos o plataformas, y adoptando posiciones más que sugerentes –abiertamente escabrosas la mayoría de las veces–, que incluyen todo tipo de gestos para ofrecerse.
A tal punto llegaron las cosas que los romanos –que desde hace dos mil años y pico fueron cultores y refinados especialistas del arte de la prostitución–, terminaron por inflarse las petunias de tantos trastornos que ocasionan las chicas de la calle liándose a golpes por mantener esta o aquella “parada” privilegiada y en especial por el hecho que casi los dos tercios de las obreras del sexo sean adolescentes y niñas –una gran parte de ella extranjeras–, explotadas por organizaciones que las someten a una literal relación de esclavitud.

Foto: "Prostitutes fight, Via Di Rippetta, Rome"
© & courtesy by Jenniffer Smith-Mayo

De allí que presionaran a las autoridades dándole vía libre al commendatore Walter Veltroni, alcalde de la ciudad de Roma, para enviar un proyecto a la comuna que consiste en instalar videocámaras que vigilen y regulen la actividad –hay que recordar que el ejercicio de la prostitución no está prohibido en Roma–, y repriman la explotación de menores de edad.
En recientes procedimientos policiales, de casi 250 mujeres detenidas, más de los dos tercios eran menores de edad y en ciertos casos niñas apenas púberes, tal como lo informaron las cadenas noticiosas y lo publicaron los principales medios periodísticos del mundo.
La presentación del mencionado proyecto –tal como era de prever–, generó una trifulca de los mil demonios, porque si bien la legislación italiana permite que se instalen videocámaras para el control del caótico tránsito en la Ciudad Eterna, no sucede lo mismo con la supervisión del trabajo de las chicas que venden sus servicios personales, hecho que se considera una flagrante violación a la privacidad de los ciudadanos.
Vladimiro Luxuria, un famoso transexual que ocupa una banca de diputado en la comuna saltó como leche hervida en medio del debate, argumentando que la instalación de cámaras que espíen el trabajo de las trabajadoras del sexo además de no solucionar el grave problema de la prostitución involuntaria y la explotación de menores de edad, provocará serios conflictos familiares y será causa directa en el incremento  del índice de divorcios por infidelidad, puesto que la fase final de la vigilancia hecha con las videocámaras consistiría en la aplicación de multas a los clientes, con entrega a domicilio.


Como alternativas, se presentaron mociones de todo tipo: desde formar escuadrones de voluntarios especialistas en trabajo social que recorran la ciudad para disuadir a los clientes y buscar recuperar a las puttane, hasta la construcción de un gran parque temático del sexo en algún lugar de extramuros. Pese a ello la situación está desmadrada y lejos de poder controlarse.
De manera que si usted, estimado lector, está dispuesto a viajar a Roma y utilizar el servicio de las chicas de la calle, sepa que de prosperar la moción del alcalde, El Gran Hermano puede estar mirándolo en esas situaciones por lo general, bastante comprometidas.
Después no se quejen, ¿eh?

 
Publicado por Silvia a las 05:00

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