Se dice que en 1891 John William Waterhouse conoció a una bella joven a quien eligió como modelo, y que ese mismo año comenzó a posar para sus cuadros. Esa modelo –de quien nunca se conoció con certeza su identidad–, es la fuente de inspiración y la imagen de los cuadros más famosos del artista. Aunque Waterhouse nunca reveló quién era, se mencionó más de una vez el nombre de Muriel Foster. En todo caso es a todas luces cierto que creó un modelo de belleza femenina que se diferencia de todos los demás, por lo distintivo y personal.

Ariadna, 1896
Cuando su estilo comenzó a perder interés, y después de haber sido patrocinado por Sir Henry Tate –a quien perteneció la trilogía inspirada en el poema de Tensión–, en 1903 el financista Alexander Henderson fue quien siguió comprando sus pinturas hasta su muerte, acaecida el 10 de febrero de 1917, en Londres.
En la nota necrológica aparecida el 12 de febrero en “The Times”, se dijo de él que “fue un artista influenciado por Burne-Jones pero menos insistente en el diseño y más en la atmósfera”. En todo caso, es innegable que fue uno de los pintores más populares, que se dedicó a revivir los temas literarios de la Preraphaelite Brotherhood, aunque muchos historiadores no lo consideran Prerrafaelita debido a sus técnicas pictóricas, y aunque muchas de sus obras se asimilan a la de los artistas seguidores de esa corriente, parece más acertado considerar que estaba más próximo al Romanticismo Victoriano de Goodward o, como opina un tercer grupo de estudiosos, un “Prerrafaelita tardío”, lo que queda plasmado en su dedicación a exaltar la belleza femenina y en el carácter realista de sus obras.

The Siren, circa 1900 (detalle)
Lo que quedó de esa obra y su taller de trabajo después de su deceso, se subastó en la célebre galería Chistie´s de Londres, el 23 de julio de 1926.
Sus trabajos están repartidos en varios museos de toda Gran Bretaña y en galerías públicas de Australia y casi todas sus obras pueden verse en un estupendo sitio de Internet que recomendamos.