Si nos atenemos a los documentos arqueológicos, la más antigua reproducción de un condón, forro o preservativo, fue hallada en Egipto y su datación tiene más de tres mil años, aunque ningún investigador ha podido determinar con precisión qué significado tenía para los antiguos egipcios tal adminículo. Hay quienes opinan que podrían haber sido usados para prácticas sexuales o religiosas.
En Europa, en una pintura que fuera hecha entre los años 200 y 100 a.J.C., en una cueva de Combarelles, en Francia, se halla representada la más antigua del continente, y en ciertos textos históricos se menciona que los romanos fabricaban preservativos con el tejido muscular de los prisioneros de guerra.
Lo cierto es que aunque la invención se le atribuye al doctor Condom, médico personal del rey Carlos II de Inglaterra a mediados del siglo XVII –buscando un método eficaz para que el monarca no engendrara hijos ilegítimos y no se contagiara enfermedades de transmisión sexual–, se ha llegado a la conclusión que el invento se debe a Gabrielle Fallopio, que en la primera mitad del siglo XVI, era un reconocido profesor de anatomía de la Universidad de Padua y que lo desarrolló como una vaina fabricada en lino y que puso a prueba sobre la marcha.
En efecto, durante varios años, le fueron entregados aquellos rudimentarios profilácticos a más de mil hombres, ninguno de los cuales se contagió la sífilis, que por aquellos tiempos causaba estragos en todos los niveles de la sociedad. De hecho, los más viejos profilácticos fueron hallados en algunos poblados cercanos al castillo de Dudley, en Birmingham, en el Reino Unido, aunque estaban fabricados con los intestinos de peces o de otros animales y su datación se remonta a 1640. También existen registros que en la segunda mitad del 1700, existían negocios –equivalente a farmacias de nuestro tiempo–, que publicitaban su venta, anunciando que estaban fabricados con intestinos de oveja y prevenía las infecciones.

Grabado, siglo XVIII
El inefable Giacomo Casanova, usuario regular de este adminículo, lo llamaba Redingote Anglaise, que significaba aproximadamente paseo inglés a caballo con chaqueta.
La masificación del preservativo se produjo a partir de 1830, cuando Charles Goodyear consiguió patentar el proceso de vulcanización del caucho, que es el método de tratar el caucho crudo con azufre, sometiéndolo a un calor intenso, que lo convierte en un material fuerte y elástico.
En la ilustración, los dos hombres que juegan a inflar preservativos mientras las damas –que no parecen horrorizadas en absoluto–, miran, comentan y se imaginan lo que les espera y quizás se ríen de la ridícula costumbre de hinchar los forros que, como se ve, no es patrimonio exclusivo de nuestro tiempo.