Cuando me besas
un Premio Nóbel le regalas a mi boca
Cuando te beso
te abres y cierras como alas de mariposa
"Cuando te beso", Juan Luís Guerra
I
Me acerco a ti. Te acaricio la mejilla. Me abrazas con ternura. Poso mis labios en los tuyos. Te beso muy despacio, con suavidad y calidez. Apenas descubriéndote, con un roce leve, delicado. Mis labios vuelan ligeros sobre los tuyos, como una mariposa entre los pétalos de una flor. Te rodeo el cuello con mis brazos. Pego mis pechos a tu pecho. Abres la boca y meto mi lengua en ella. La recorro, explorando, descubriendo, tanteando. Mi lengua nada contenta en tu boca, como un pez curioso en el arrecife. Tus brazos rodean mi cintura. Incrusto mis caderas en las tuyas. Hurgo en tu boca, saboreándote, bebiéndote, calmando mi sed con tu saliva. Mi lengua se adentra firme en tu boca, como un barco que zarpa a la mar. Metes una pierna entre las mías. Con una mano te acaricio el cabello, la otra va hacia tu nuca y acerca aún más tu cara a la mía. Dejas un brazo en torno a mi cintura y con el otro cruzas mi espalda, atrayéndome hacia ti. Nuestras lenguas se encuentran y se enroscan, como dos serpientes en su cueva. Todo mi cuerpo besa tu cuerpo todo.

II
Tomándote de la cintura te recuesto delicadamente sobre la cama y comienzo a besarte hasta que tus labios adoloridos me piden una tregua. Entonces me lanzo a besar el largo y el ancho de tu cuerpo. Lamiéndote para comprobar si tu sabor es ese que tanto he imaginado. Oliéndote con fruición para grabarme tu olor en lo más profundo de mí. Acariciando tu piel para sentir el más fino de los terciopelos. Bajo con suma lentitud hasta tu entrepierna. La detallo milímetro a milímetro y la grabo en mi mente para conocerla bien. Las caricias de mis dedos son suaves, muy suaves, hasta que tus piernas se abren sin ninguna resistencia. Se te escapa un gemido cuya ternura inflama aún más mi deseo. Toco tus pliegues con delicadeza y los aparto un poco para que me dejen ver tu centro de placer y deseo; mientras me deleito viéndote empujar la cadera hacia mí, como si quisieras regalarme ese tesoro. Ahora lo tengo ante mí, lo beso y lo acaricio. Siento como te estremeces. Chupo tu clítoris, de arriba abajo, de un lado a otro, con la boca ora seca, ora húmeda. Oigo tu risa de gozo. Te beso, te lamo, te muerdo, te chupo. Te llevo hasta el final con mi lengua, hasta que te liberas y estallas en el más rico de los orgasmos. Veo como tu cuerpo se arquea y te escucho gritar mi nombre. Retorciéndote de placer suspiras, rendida de satisfacción. Te incorporas a besar mis labios. Pruebas tus mieles en mi saliva. Acercas tu boca a mi oído y susurras con tu voz ronca por el deseo: ¡Bésame así de nuevo!

III
Quiero regalarte una caricia que no olvides jamás, besarte de una manera completamente nueva que te sorprenda y arrebate de pasión. Te pido que pongas las manos bajo tu espalda y me permitas vendarte los ojos. Ante mi petición te sobresaltas y percibo tu duda. Con voz muy dulce te digo que no temas, que te entregues a mis besos sin pensar en nada más. Te susurro al oído la promesa de que te gustarán. Cuando noto que te has calmado, te vendo los ojos. Me subo a horcajadas sobre ti, agachándome sobre una de tus piernas. Toco mi vulva. Sí, está muy húmeda, justo como debe estar. Entonces me abro los labios vaginales, los pego a tu pierna, froto mi clítoris contra tu piel, hago una pequeña contracción vaginal y luego me levanto rápidamente, aunque sólo un poquito. Lo repito así dos o tres veces, haciéndolos sonar con “chupadas” mojadas y ruidosas. Percibo tu sorpresa, así como el intento de levantarte, mientras preguntas qué estoy haciendo. Ronroneando de placer, murmuro: Te estoy besando ¡con mi otro par de labios!

IV
Disfruto contemplándote acostada boca abajo sobre nuestra cama. Admiro tus estupendas nalgas: redondas, firmes y bronceadas. Siento cómo la excitación se va apoderando de mí al contemplar esas magníficas ancas que parecen invitarme a conquistarlas y solazarme en ellas. Tomo una de las almohadas y la meto bajo tu vientre, para subirte las caderas. Me coloco entre tus piernas y te separo las nalgas. Las mordisqueo suavemente, mientras con las manos acaricio, sobo, aprieto. Deslizo mi lengua entre ambas, buscando, tanteando hasta dónde puedo llegar. Te rindes a mis caricias, dócil hembra que se deja explorar. Chasqueo la punta de la lengua y veo cómo te estremeces. Lamo en círculos. Deslizo mi lengua hacia arriba y hacia abajo. Estoy atento a cada uno de tus suspiros y tus gemidos, esperando el momento preciso para aventurarme un poco más allá. Lo siento aproximarse, entonces mi lengua entra y te siento estallar.
V
Me acerco sin dejar de mirarte y sonreírte de manera provocadora. Me inclino ante ti y busco tu cuello. Allí, justo allí. Ese delicioso rincón donde se concentra tu aroma de hombre. Deleitada te huelo, mientras mis manos buscan tu sexo. Lo sobo hasta sentirlo duro y grueso al tacto. Entonces desciendo lentamente, rozando apenas tu cuerpo con mi lengua bañada de saliva. Arrodillada ante ti, tomo tu hombría enhiesta entre mis labios. Beso el glande húmedo y rojo, con movimientos muy delicados… breves… suaves… apenas posando mis labios sobre la cabeza palpitante. Regalándote la caliente humedad de mis mimos. Abro la boca y cierro mis labios alrededor del bálano. Chupo, chupo como si de ello dependiera la vida misma. Rememorando el instinto primario de succionar.
VI
Y me rindo ante ti para besar tu sombra…
© 2006 by Anamar