Colección Voyeur

Jueves 12 de Octubre de 2006
El erotismo de Tiziano

Más de una vez hemos hecho mención, en estas reflexiones, de esa actitud de los poderosos de toda laya, tipo, condición o edad –llámense reyes, príncipes, empresarios, militares o financistas, presidentes de estados o mafiosos–, y que puede resumirse en un viejo pero no por ello bien ponderado aforismo: “vicios privados, virtudes públicas”.
Uno de los monarcas españoles que podría ser considerado un verdadero paradigma de esa actitud, a nuestro juicio, fue Felipe II, rey de la cristiandad, hombre piadoso y temeroso de Dios y cultor de voluptuosos vicios privados entre los cuales parece haber sido el favorito de “Felipillo” su afición a la imaginería sensual tanto en libros como en la contemplación de pinturas eróticas que, por aquellos tiempos, resultaban pecaminosas y merecían terribles castigos... a menos que uno fuera el rey, claro está.
Parece ser que el piadoso Felipe tenía una verdadera colección de retratos y estampas para la época, entre las cuales las más selectas fueron las que le encargara al célebre pintor Tiziano Vecellio, nacido en Pieve di Cadore, en 1485 y fallecido en Venecia, en 1576 durante una epidemia de peste.

Tiziano Vecellio

Cuando Tiziano aceptó el pedido del príncipe –aún reinaba Carlos V, y era muy difícil, si se lo piensa uno, negarse a un requerimiento hecho por alguien que tenía muchas posibilidades de llegar a ocupar el trono –, tenía setenta y cinco años, es decir, una edad en que la mayoría de los amigos tendían a estar ya fertilizando narcisos o a punto de entregar el macuto.
Al mismo tiempo que Tiziano seguía trabajando para Carlos V, empezó a pintar para el príncipe Felipe no sólo porque seguramente sería el nuevo monarca, sino que los ingresos que recibía por su labor, resultaban ser más del doble de lo que podía ganar el más encumbrado miembro del gobierno de Su Majestad, chanchullos incluidos. Y se sabe que Tiziano batió metas en eso de enriquecerse merced a su talento con el pincel.

Tiziano, Eurídice y Orfeo

Por lo que se sabe el aún príncipe heredero, que conocía la obra del artista y había visto por lo menos dos de sus desnudos, le hizo el encargo en una reunión muy reservada concertada en la localidad de Augsburgo, en el invierno de 1550-51, y el veneciano pactó una condición: él elegiría los temas.
Como Tiziano no dominaba bien el latín clásico, requirió la ayuda de su amigo, el poeta Lodovico Dolce, un erudito, que tradujo para su amigo Las Metamorfosis, un poema escrito por el poeta romano Ovidio, que vivió entre el 43 a.C. y el año 17 de la era cristiana. En esta obra, la transformación –sobre todo del dios Júpiter, que se permitía adoptar cualquier forma para poder seducir a las presas amatorias a las que pretendía hincarles el diente) es el leitmotiv, y se encadena con diferentes hechos mitológicos.
El artista había imaginado los temas de los lienzos como un todo, por lo cual los bautizó poesie, y constituyen siete de las más grandes creaciones de la historia, que Tiziano concibió como un catálogo de desnudos de mujeres retratadas en las poses y circunstancias más sensuales que se pudiera concebir en una época tan públicamente pacata como aquella.
De los siete cuadros, seis fueron entregados al monarca: Dánae, Venus y Adonis, Perseo y Andrómeda, Diana y Acteón, Diana y Calisto y El Rapto de Europa. El séptimo, pese a que en una carta dirigida al rey el pintor le anuncia que lo remitirá a continuación, nunca fue entegado: La muerte de Acteón.
Si alguien tuviera alguna duda que los lienzos fueron pintados para deleitar los sentidos –y alimentar los principescos ratones– del licencioso Felipe, transcribimos una carta que Tiziano escribió para acompañar el envío de Venus y Adonis: “Y como el Dánae que ya he enviado a Vsa. Majestad era vista totalmente de frente, he querido variar la postura en esta otra poesía y mostrar la figura femenina desde el otro lado, para que la habitación donde vayan a estar colgadas resulte más agradable a vuestra vista”.
En siete notas posteriores y aunque no somos críticos de arte ni lo pretendemos ni lo queremos ser, trataremos de explicar, obra por obra, el sentido que el gran artista veneciano imprimó a su poesie , en las que cumplió con su habitual maestría y creatividad, las expectativas que en su trabajo había puesto el cachondo principillo.

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
Aún sin respuestas.

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces