En un post anterior he declarado públicamente no ser un simple fan de Sharon Stone sino un fanático admirador a quien la imagen de esta mujer, le despierta las más alocadas fantasías.
Como en su momento me ocurrió algo similar con Marilyn Monroe, Brigitte Bardot y Sophia Loren.
Y es que a sus cuarenta y ocho años, y después de haber padecido un derrame cerebral, de haber transitado dos matrimonios que terminaron mal, y de tener que luchar contra ese Peso Pesado de las enfermedades que es el cáncer, esta mujer es para mí una tentación. Lo admito.
Sé que quizás no sea tan buena actriz, que ha filmado apenas un par de películas en las que puede decirse que ha interpretado su papel como Dios manda –en mi humilde entender, “Bajos Instintos 1” y “Casino”–, y que ha hecho tremebundos papelones. Sé que se encaprichó con el personaje de Catherine Tramell y, como lo cuenta mejor que yo un entendido y perspicaz comentarista de cine, cuya opinión respeto, se trenzó en una lucha feroz –batalla legal que duró desde el 2000 hasta el 2004, cuando se comenzó el rodaje de la segunda parte–, con los productores Andrew Vajna y Mario Kassar, los que pretendieron incumplir un preacuerdo firmado con la Stone, en el cual se dejaba bien en claro que sólo ella podía interpretar a la Tramell, esa escritora bisexual, perversita y hasta posiblemente homicida.
Las razones por las que alguien nos atrae no tienen que ver, precisamente con la racionalidad, sino con esos Basic Instints y, en mi caso, quizás se identifique con lo que la protagonista dice en el filme: “Tengo cerebro, vagina y actitud. Una combinación mortal”.
A mi juicio además es distinguida, misteriosa, bella, enigmática y dueña de un glamour y un carácter digno de esas mujeres que nacen con ese personal charming que las hace diferentes y, por ello, sobresalientes.

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Sé que en opinión de una gran mayoría de hombres, por definición las mujeres deberían conformarse con tener lo que tienen entre las piernas, y que el cerebro y la actitud son incompatibles para su condición. No es así en mi caso. Este tipo de mujer con esa combinación de sexo querendón, actitud decidida y cerebro portentoso –ya sea que tenga 48 o 18 años–, me atrae como el panal a las abejas.
También sé que la segunda parte de “Bajos Instintos” es, al cabo, uno de los tantos fiascos a los que Hollywood nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos.
Tampoco ignoro que ahora, en su madurez, se le ha dado por los jovencitos y que ha declarado que “prefiere a dos de 20 que a uno de 40” y, consecuente al fin con su actitud, transita una relación con el actorcillo Jared Leto, que tiene unos 14 años menos que ella.
Lo sé, no necesito que me lo mencionen. Y ¿saben qué?
No me importa.
Me sigue fascinando de la misma forma y con la misma intensidad.
Disfrútalo, Sharon, seguramente te lo habrás ganado.