Colección Voyeur

Lunes 30 de Octubre de 2006
La siesta

Sin recato te deslizas
por la mente que fantasea con tu ausencia
"Duermevela", Juan Gustavo Cobo Borda

Me echo en la cama cubierta únicamente por el recuerdo de nuestras apasionadas palabras. Sublimes caricias sonoras que reverberan en mi mente enfebrecida y van incendiándome sin que yo oponga la menor resistencia, abandonada como estoy en medio del sopor de la hora sexta. Las oigo resonar dentro de mí, calentándome la carne y erizándome la piel, haciendo volar mi imaginación y agigantándome la lujuria.
Doy vueltas en el lecho desordenado, turbada e inquieta, ardiendo de deseos. Dejo que mis manos recorran de nuevo el camino ya harto conocido, pero hoy anhelado más que nunca.
Rozo mi cara con suavidad, muy despacio, cuidadosamente, como si la dibujara con una fina pluma. Mórbido gesto sobre mi rostro enardecido por la excitación. Una caricia casi etérea que sin embargo me hace estremecer con la misma fuerza de un terremoto.
Acaricio mis labios, deseando que fueran los tuyos: a veces pacientes y delicados, otras raudos y despiadados, siempre golosos, jamás satisfechos. En el recuerdo dibujo la pequeña cicatriz sobre tu labio superior, impronta de una de tantas travesuras infantiles.
Es entonces cuando rememoro tus labios bajo los míos, abriéndose voluptuosamente, invitándome a entrar, a probar tu sabor y a perderme en tu boca. Los tomo entre mis dientes, mordisqueándolos suavecito, muy suavecito. Escucho tu gemido y me apresuro a lamerlos por si te hice daño con mis mordiscos.

"Sieste", Pierre Bonnard, öleo

Dos botones se yerguen endurecidos para reclamar su ración de caricias. A ellos voy diligente, presurosa y sin demoras, porque el deseo es mucho e invade velozmente todo mi ser. Toco, sobo, palpo y rozo. Mojo mis dedos con saliva, disponiéndome a humedecer la piel ardiente de mis pechos. Revivo la amplia firmeza del tuyo, campo sobre el cual combato y descanso mis batallas. Olisqueo, buscando ese olor de hombre que emanas con mayor fuerza cuando te excitas, embriagándome hasta el trastorno.
Desciendo hasta el centro del volcán. Mis dedos van urgidos, famélicos, sedientos. Corren y recorren. Se desbocan. Acarician y aprietan. Voraces Entran y salen. Incansables. Contraigo la pelvis. Te imagino a mi lado, viéndome, observando atentamente a la mujer que has calentado con tus palabras, preparándola para el encuentro. Entonces la turbación y la inquietud ceden el paso al placer…

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
24 Noviembre 2006 - 18:10
Enviar un emailANGEL...
ANAMAR:Describes bellamente ese intimo placer con nuestro cuerpo. Imaginarlos a nuestro lado esperando ese momento cuando llegan para saciarnos... Magistral.
24 Noviembre 2006 - 22:42
Enviar un emailAnamar
¡Muchas gracias por tus hermosas palabras, Ángel! Es un gusto tenerte de visita en nuestro Blog.

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