Colección Voyeur

Jueves 09 de Noviembre de 2006
Necesito relajarme un poco

Si se mira el mapa en el que se reconstruye la ciudad de Pompeya, devastada por la erupción del 24 de agosto del año 79, se verá que existía una cantidad inusual de panaderías. Además de templos, muchas tabernas y  prostíbulos y –no es un dato menor, como ya veremos–, un considerable número de termas, entre las cuales las más concurridas parecen haber sido las de Stabia, cuyos orígenes se remontan a la época samnita.
También había varias más modernas como eran las del Foro, las pequeñas termas del Sarno y las elegantes y exclusivas Termas Suburbanas, que debían ser de uso privilegiado de los miembros prominentes de la sociedad pompeyana. Las más modernas y sofisticadas parecen haber sido las Termas Centrales, que estaban en proceso de construcción cuando al Vesubio se le ocurrió despertarse de su milenario sueño y vomitar lava ardiente sobre la ciudad que, paradójicamente, pudo conservarse por el hecho de haber quedado sepultada por la ceniza volcánica.
Cuando se redescubrió Pompeya en el siglo XVIII, muchos fueron los escandalizados con las pinturas, los símbolos y los frescos con escenas de sexo en pareja, sexo grupal y hasta imágenes de zoofilia y hasta con seres mitológicos.
Los cuadros eróticos no solo decoraban las paredes de las casas de placer (curiosamente todas estaban ubicadas frente a las panaderías), sino también en casas que debieron pertenecer a las familias más ricas y encumbradas.

En la actualidad todas esas piezas forman el museo de la erótica pompeyana, y entre todas ellas nos llama la atención la que reproducimos, en la que se puede ver con absoluta claridad que las matronas romanas eran afectas a ese verdadero arte que es besarle el conejito a una señora como debe ser, práctica también conocida como cunnilingus.
Hace tiempo ya, publicamos un post donde se explicaba esta preferencia de las romanas de entregarse a los jueguitos orales de algún taxi boy de aquellos tiempos que –imaginamos–, debía poner a su disposición la administración de los baños para que antes o después de pasar por el Tepidarum o por la piscina, las habitués pudieran relajarse un poco con los profesionales mimitos orales de aquellos que se dedicaban a tales deleitables prácticas como parte de los servicios que se ofrecían en las Termas. Este fresco viene a complementar y a demostrar la veracidad de aquella inscripción encontrada en otras termas en la zona reservada a las mujeres en un mosaico encontrado en las de Trinacria donde se puede leer fácilmente la siguiente inscripción: Statio cunnilingiorum.
Inscripciones como ésta las hay por montones en Pompeya, y permitieron que la posteridad conociera datos históricamente relevantes para comprender la vida cotidiana de los romanos, como los nombres y origen de ciertas pupilas, si eran griegas u orientales, o si eran mujeres libres o esclavas y hasta el dato de cuánto costaban sus servicios.
Se comprende, entonces, que las mujeres romanas –esposas o solteras– amén de ser bastante emancipadas,   fueran tolerantes con las escapadas de los hombres, porque les permitía darse sus pequeños gustitos. Ya se sabe que mientras el gato no está, los ratones se divierten de lo lindo.

 
Publicado por Simon a las 05:00

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