Tranquila, no te inquietes. Sé qué se siente. No ha sido un buen día y, por si fuera poco, te has pillado un resfriado. Te duele la cabeza, sientes el cuerpo como si te hubiesen apaleado, necesitas cerrar los ojos y dormir.
Pero no puedes.
Estás sola, y afiebrada. Te dices que será cosa del resfriado, que te ha hecho efecto el té con limón, azúcar, un generoso chorro de escocés y las aspirinas, pero sabes que no es eso. Es que te sientes... acalorada... Caliente, vamos.
Pues allí estás, sola, en el silencio de la noche, extrañándome, esperando ansiosa que llegue a casa para quitarte esa odiosa sensación, el desasosiego que produce el estado febril. Aprovéchalo.
No esperes más, hazlo. Cuando llegue, te abrazaré, te mimaré, besaré tu cuerpo transpirado y te bajaré la fiebre a fuerza de comerte el sexo. Lo sabes, ¿eh, niña traviesa? Por cierto que lo sabes.
Pero ahora, mientras estás sola y me esperas, sintiendo el cuerpo perlado de gotitas de sudor no lo dudes. Ponte boca arriba –como más te gusta–, y hazlo .

No abras los ojos, entrégate a la ensoñación, deja en libertad tu fantasía y siénteme a tu lado. Te estoy mirando. Y a ti te gusta que te mire cuando te tocas.
Como cuando jugamos y me siento a mirarte y a deleitarme con el maravilloso espectáculo de tus dedos abriendo los labios de tu vulva, y deslizándose adentro, después de humedecerlos en la boca.
Esta noche, más que en cualquier otra, que tus manos sean mis dedos. Que tu dedo medio sea mi lengua. Siéntelos, percibe la textura, acaricia, frota, imagina, percibe, anhela.
Acaríciate los senos –mira cómo se te han puesto– y préstame esa mano para que sea la tuya. Eso te gusta. Pellízcate los pezones, acaríciate el cuello, sigue el derrotero de tu geografía y cuando llegues a la hondonada, que una de tus manos separe la entrada de esa cueva húmeda que hoy está afiebrada, y la otra sea mi sexo que busca, presiona, empuja, entra, te penetra y te transporta a ese estado de éxtasis donde ya nada tiene sentido, como no sea el seguir pidiendo más, más, más...
Te estoy mirando, pequeña traviesa... juega, disfruta, goza de ese juego a solas que te hará sentir mejor. Tienes que conseguir que te baje la fiebre, hazlo. Anda, muéstrame, como sueles hacerlo cuando quieres excitarme.
Estás afiebrada, tienes una razón. Tócate allí, que sólo de verte, te estoy gozando.
Y luego,
cuando los latidos de tu corazón se regulen, cuando te sosiegues, cuando ya no estés agitada, después de tensar el cuerpo y sentir las sienes a punto de explotar... después, cuando te gane el sueño, allí estaré para arroparte y besarte hasta el amanecer.
Foto: Cortesía y © Janet Tayher