Colección Voyeur

Lunes 27 de Noviembre de 2006
Un perfecto extraño y IV

a Max
siempre…

Max insistió en llevarme en su auto hasta la ciudad donde vivo, y en verdad me complace que lo hiciera y que yo haya aceptado, porque como está abstraído en el manejo puedo dedicarme a contemplarlo a mi antojo. Además el interior de la cabina, la música que ha puesto en el estéreo y la lluvia que cae rítmica y tranquila crean una atmósfera de intimidad especial. Puedo percibir ese olor tan varonil que emana siempre de su cuerpo y acercarme a él buscando su calor; como hago ahora, con la excusa de que siento frío.
Observo con detenimiento sus manos sobre el volante –hermosas son las manos de hombre, cuando son hermosas– o la palanca de cambios e inevitablemente me hacen evocar los momentos que hemos vivido juntos en los últimos días. Vivencias tan intensas como el deseo que vuelvo a sentir ahora mismo por él. Es una reacción que no puedo –ni quiero– evitar. Estar cerca de él significa que mi piel se eriza y pareciera que miles de pequeñas descargas eléctricas me recorrieran de pies a cabeza. Es algo que va más allá de la simple atracción sexual y no soy capaz de explicar con palabras, sólo sentir y disfrutar.
Durante varios minutos me quedo muy quieta, apoyada en su costado y con la nariz hundida en su suéter. Cierro los ojos, porque quiero concentrarme en cómo van aumentando dentro de mí las ganas de él, la creciente humedad de mi sexo y la urgencia con la cual mis labios claman por los suyos. Me pego un poco más a él y noto su mano rozando mi cuello. Lo alargo, exponiéndolo a su caricia y lanzando un suspiro suave. Me siento tan a gusto que fácilmente podría ronronear. Por lo visto me leyó el pensamiento, ya que en tono divertido me pregunta:
–¿Estás cómoda, gatita?
Sólo acierto a dejar escapar otro suspiro, más fuerte que el anterior, y él suelta una carcajada antes de hacer una nueva pregunta:
–¿Qué te traes entre manos suspirando de esa manera?
Entonces me deshago de su abrazo, girando en el asiento y quedando de frente a él. Recuesto la espalda contra el tablero y le sonrío con picardía. Me devuelve la sonrisa y entre risas dice:
–¡Ah, tienes ganas de jugar, traviesa!
–¡Sí, unas ganas inmensas! –le contesto, clavando mis ojos en los suyos, mientras mis manos se dirigen sin demora a mi sexo. Me levanto la falda, aparto las panties a un lado y coloco las piernas de modo que él pueda ver lo que hago. Busco ese pequeño pedazo de carne rosada que tanto placer me provoca y empiezo a presionarlo hasta que toma la consistencia de una perla, dura y latiendo al contacto con mis dedos.

No se lo piensa dos veces. Max estaciona el auto a un costado de la carretera, echa el asiento hacia atrás y desabotona sus pantalones, dejando su sexo erecto al descubierto. Me tiende la mano, invitándome a subirme a horcajadas sobre él. Así lo hago y comienzo a cabalgarlo con lentitud. Él me ayuda, tomándome por las caderas y haciéndome subir y bajar al ritmo que va dictando nuestro deseo. De vez en cuando me pide que disminuya la velocidad, acompasando mi respiración con la suya y retrasando así el momento de su orgasmo.
Los vidrios están empañados y el ambiente dentro del auto se ha caldeado por el calor que emana de nuestros cuerpos. Mi sudor cae a goterones sobre él y se mezcla con el suyo. Lo veo a los ojos y adivino el esfuerzo que está haciendo por contenerse, para que yo pueda seguir gozando. Entonces le pido que acabemos juntos. Me sonríe y cuando dice “Sí” ya voy al galope sobre él. Siento la fuerza con que aferra mis caderas, la tensión de su cuerpo, el cosquilleo a lo largo de mi columna vertebral, los humores que se mezclan en mi interior y en ese instante tengo la sensación de que somos uno.
Exhausta, me acomodo sobre su pecho, dejando mis piernas a ambos lados de su cuerpo y rodeándolo con mis brazos hasta donde puedo. Acaricio su cabello y sus mejillas con dulzura. Oigo su corazón todavía agitado e intento grabar cada pequeño detalle de este momento en mi memoria: olores, sabores, sonidos, texturas, sentimientos, sensaciones. Cualquier cosa que me haga olvidar los días que estaremos separados.

Para que se acorte tanto el tiempo como la distancia.

Foto: Cortesía & © by Elen

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
27 Noviembre 2006 - 11:55
Enviar un emailmax
Cada dia que leo tus palabras, pienso en lo maravilloso que son tus relatos. Como consigues que mi imaginacion se desborde y escape como un rio desbocado y libre. Tiene que ser maravillosa tu compania, representas todo lo que deseo en una mujer. Besos.
28 Noviembre 2006 - 16:35
Enviar un emailANGEL...
ANAMAR HE VIAJADO PLACENTERAMENTE EN TU RELATO... "MAGISTRAL" COMO TODO LO QUE ESCRIBES UN BESO DE ESTA ADMIRADORA ARGENTINA. QUE NO SE DETENGA NUNCA ESA FUENTE DE INSPIRACION..."MAX"
04 Diciembre 2006 - 10:44
Enviar un emailAnamar
Sí, Max, mi compañía es maravillosa y de veras me halaga ser todo lo que deseas en una mujer. Ángel, la fuente de mi inspiración es única y alucinante, como él: mi perfecto extraño. ¡Muchas gracias a ambos por sus comentarios! Besotes desde la distancia

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