La hicieron famosa en los últimos años del siglo todos aquellos que se animaron a mirar sus cuadros y algunos más osados –como Elton John y Michael Ovitz–, que se permitieron invertir dineros en comprarlos, después de verlos expuestos en la Gagosian Gallery o en la muestra de Charlie Rose.
La revista Vanity la hizo famosa dedicándole una nota dedicada a los artistas plásticos jóvenes que se atrevían a plasmar en la tela imágenes altamente eróticas o pornográficas.
En ese artículo Cecily Brown apareció a doble página, vestida con jeans y una t-shirt estampada con un gran símbolo del dólar –ambos manchados de pintura–, sentada en el caótico ambiente de su estudio.

Cecily Brown, la mujer
Reflexiva, abierta, espontánea, cautivadora y con un labio inferior más grueso, que hablan a las claras de su sensualidad –plasmada en su obra pictórica–, Cecily Brown es, además, una mujer muy atractiva y seductora, con ese delicioso hoyito que se forma en su mejilla cuando sonríe.
“En escuela de arte se decía que, si te dedicabas a la pintura, estabas condenada a ser una perdedora”, dijo ella en la nota mencionada, pero en vez de “sentirme como una estúpida” –según sus propias palabras–, se dedicó a promocionarse en un momento en que el arte de finales del siglo mostraron una clara tendencia del mercado: la fiebre especulativa de los ricos, famosos y coleccionistas, dieron un impulso inesperado a algunos artistas jóvenes que prometían transformarse en celebridades.
Nacida en Londres en 1969, Cecily Brown es la hija que nació de un affaire entre la escritora Shena Mackay –cuya novela “The Orchard on Fire”, publicada en 1996, fue nominada en los premios Booker–, con el conocido crítico de arte David Sylvester, fallecido en 2001, cuya galería y museo solía visitar la Cecily adolescente sin saber que era su padre. De hecho, lo consideraba sólo un amigo de su madre, y recién a los veintiún años Shena y David decidieron revelarle la verdad sobre su nacimiento.

Cecily Brown Luscious paintings
Entre 1989 y 1993, asistió a clases en la Slade School of Art de Londres, una época en que la pintura había quedado relegada por las provocativas imágenes multimedia de Damien Hirst, Sarah Lucas y Tracey Emin y quienes se dedicaban a la pintura no imaginaban que su obra podía tener el sensacional impacto que tenía la multimedia y los vídeos que era lo que estaba de moda.
Después de graduarse en la Slade School, Cecily Brown decidió mudarse a Nueva York, donde había vivido medio año merced a un intercambio estudiantil, porque consideraba a La Gran Manzana un lugar menos conservador y dogmático que Londres en materia de arte.
No se equivocó, porque en la década de los años noventa el mercado neoyorquino se renovaba, dándole impensables oportunidades a algunos artistas jóvenes como John Currin, Lisa Yuskavage y Elizabeth Peyton, de la que tuvo la perspicacia de sacar partido, presentándose con su primera muestra individual en 1997.
El 18 de octubre de 2006 Cecily Brown presentó sus últimas obras en su más reciente muestra individual en Boston. Más de arte que de sexualidad, pese a lo explícito de las imágenes, sus deliciosos trazos de alguna manera revelan no sólo el acto sexual, sino las manifestaciones del amor, impresionando al observador hasta el punto de provocar sensaciones –movimiento, tacto, sonido–, que exceden el sentido de la vista. Una delicia, esta muchacha y su obra.