Colección Voyeur

Miércoles 20 de Diciembre de 2006
Sucumbiendo

He querido resistirme muchas veces, para castigarte.
Castigarte por creerte que puedes conmigo, que anulas mi voluntad y que haría lo que tu me pidieses.
Pero mi realidad es sólo una: No puedo.
Sucumbo ante un mensaje, ante una llamada, ante un ruego preparado para que vaya a visitarte.
Sucumbo ante una conversación aparentemente amistosa, que acaba convirtiéndose en una petición que no puedo rechazar:
–¡Házmelo!
Y lo hago.
Me permites que diga que no lo voy a hacer, pero yo no me permito decirte que no. No puedo.
Y te miro, y me miras complacido, porque sabes que no puedo resistirme.
Y te desabrocho los pantalones, y allí mismo, en medio del salón, me arrodillo ante ti para con mi lengua y mi boca llenarte de placer.

Sucumbo ante tu polla que es gruesa, grande y muy sabrosa.
Sucumbo ante tu mirada desde arriba que me dice que te gusta verme como una perra sumisa.
Sucumbo ante tus manos guiando mi cabeza para intentar metérmela hasta donde sabes que me ahoga. En tu infinito descaro me dejas respirar un momento y con tu capullo me das golpes en los labios, en las mejillas, en los ojos.
Me vuelves loca, y lo sabes.
Sucumbo cuando me dices: déjalo ya que quiero metértela de un solo golpe. Y lo dejo, con mi saliva saliendo por la comisura de mis labios. De deseo, de deseo incontrolado.
Y lo dejo y me tumbo, porque a ti te gusta ponerte encima mientras me agarras del pelo, y la metes de un golpe, y bombeas: fuerte, más fuerte. Y de repente paras, me miras, sacas tu lengua y me lames la cara, y me dices:
–Quiero correrme en tu boca y que te lo tragues todo –y sigues penetrándome con fuerza, estás extasiado.
De repente me sueltas el pelo, y cómo habiendo ensayado mil veces la escena, me deslizas sigilosamente hacia abajo, y así, tú encima, te pones de rodillas en el sofá con mi cara bajo tus huevos, sigues moviéndola tú, te gusta que sea así, que yo solo espere, con mi boca abierta, a recibirte. Sé que ya llega, ya llega, te pones torpe, y sigo yo. Y entonces... echas toda tu leche en mi boca, no dejo que se salga nada.
Y cuando lo haces, abres los ojos y me dices:
–Nunca me defraudas.
He querido resistirme muchas veces, para castigarte. Castigarte por creerte que puedes conmigo, que anulas mi voluntad y que haría lo que tu me pidieses. Pero mi realidad es sólo una:
No puedo.

Foto: Cortesía & © by Pascal Renoux

 
Publicado por Lucía a las 05:00

Respuestas
Aún sin respuestas.

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces