Colección Voyeur

Lunes 11 de Diciembre de 2006
Lecciones de francés

“Al primer amor se le quiere más,
a los otros se les quiere mejor”
Antoine de Saint-Exupery

–Tengo frío. ¿Puedo dormir contigo, Stephanie? –recuerdo haberle dicho aquél día, con ese tono de voz modosito al que recurro cuando deseo salirme con la mía.

La escena se repetía noche tras noche, sin importar si el calor del verano nos sofocaba sin piedad o el viento fresco entraba por las ventanas abiertas de la habitación que compartía con Stephanie, la estudiante francesa que se alojaba en mi casa y a cambio nos enseñaba su idioma a mis hermanos y a mí. En realidad mi única intención era meterme en su lecho y apelaba a todas las estratagemas posibles para conseguirlo. Tampoco debía esforzarme mucho, pues invariablemente ella contestaba con un dulce:

Oui, mon cherie !

Al escucharla, saltaba de mi cama y me dirigía contenta hacia la suya. Stephanie se apartaba un poco, para hacerme espacio, y sonriendo levantaba la sábana para invitarme a que me acostara a su lado. Así lo hacía, tumbándome muy cerca de ella para poder rodearla con mis brazos. Le daba un beso en cada mejilla, según la usanza de su país, y luego metía mi nariz en sus cabellos, oliendo la sutil fragancia a lavanda que despedía su oscura pelambre hasta que poco a poco me iba quedando dormida.

Sin embargo, aquella noche en especial, como no teníamos sueño nos pusimos a repasar palabras en francés. Mientras lo hacíamos, empecé a acariciar su cuello, notando cómo un agradable calor se concentraba bajo la yema de mis dedos. Ese calor es el que me dio el coraje para seguir con la caricia, espalda abajo. Con su naturalidad habitual, Stephanie acercó su boca a la mía y buscó mis labios, besándolos con mucha delicadeza y ternura, quizás porque sabía que la confusión de la excitación me tomaba por asalto. Era la primera vez que alguien me besaba de aquella manera.

Noté mis mejillas calientes, el corazón latiendo con fuerza y una sensación muy agradable. Abrí mis labios a la suave presión que ejercían los suyos, sintiendo que su lengua entraba en la mía como si buscara algo muy adentro. Percibía la frescura de su aliento y el agradable sabor de su boca. Me gustaba aquel contacto que había dejado de ser tierno, dando paso a una especie de urgencia. No atinaba a otra cosa que suspirar, deseando que Stephanie no apartara su boca de la mía.

La abracé y la atraje hacia mí con fuerza, hasta sentir sus pechos junto a los míos. Los de ella eran redondos, plenos y muy suaves. Al tomar uno de ellos en mi mano me di cuenta de que lo podía abarcar entero. Los míos apenas despuntaban, pero aquella noche los dos botones rosas que los remataban se irguieron con las primeras caricias que Stephanie me hizo. Nos desvestimos y nos contemplamos casi con curiosidad, descubriéndonos. Estuvimos así un largo rato, observándonos con detenimiento, grabándonos bien cada detalle, reconociéndonos la una en el otra, disfrutando las semejanzas, sondeando las diferencias.

Con movimientos torpes toqué su sexo. Acaricié el vello ondulado que lo cubría y me pregunté que estaría sintiendo ella al tocar el mío, cubierto apenas por una fina pelusa que recién había comenzado a crecer. Quizás Stephanie estaba sintiendo esa misma sensación agradable de un calor que me iba invadiendo el cuerpo poco a poco, hasta que en un determinado momento se concentró todo allí, en el centro de mí y se diseminó por cada rincón de mi ser.

Muchos años han pasado desde entonces y todavía recuerdo a aquella linda francesita con quien intercambié mis primeros besos y mis primeras caricias y con quien descubrí el verdadero sentido de la pasión.

Foto: The Replica (recorte) © by David Hamilton en Dreams of a young girl

 
Publicado por Anamar a las 05:00

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