Ven...
Que quiero sentirte.
Ven... que quiero acomodarme entre tus piernas.
Ven... que quiero abrir mi boca lentamente mientras te miro, mientras me miras...
Ven... que quiero lamerte por primera vez y que grites de pasión.
Ven... que quiero pasear mi lengua alrededor de tu cabeza, con la cara de vicio que a ti te destroza.
Ven... que quiero introducirla en mi boca, y volver a sacarla.
He leído tantas veces eso de que no hay nada como la
confianza y el amor para completar una relación sexual de esas de echar cohetes,
que casi había llegado a creérmelo.
Lo que pasa es que a mí me pasa justo lo
contrario. Y claro, si a mí me pasa lo contrario, ¿por qué habría de creérmelo?
La calidad de mi sexualidad es inversamente proporcional al amor que siento y,
lo que es más curioso todavía, a la confianza que mantengo con la otra
persona.
Me explico: cuando meto en... [continúa]
–¿Recuerdas eso que jugábamos cuando éramos niños? –le pregunto.
–¡Teníamos tantos juegos! ¿A cuál de ellos te refieres? –me responde.
–Ya sabes, ese en que nos desnudábamos…
–¡Ah, sí! El de "El doctor y la paciente". ¡Me encantaba cuando te tumbabas sobre la mesa y dejabas que te examinara! Todavía puedo ver la cara de la tía Her…
–No, ese no. El otro.
–¿Otro juego en el que nos desnudábamos? Mmmm… Pues no sé.
–¿No te acuerdas? Pero... si te gustaba mucho. Al menos... [continúa]
Hoy hace un año que llegué a Barcelona. Y un año y tres meses que Pierre me dijo que se iba a vivir con Magalie y me dejaba plantada.
Se llevó la tele.
Y la vajilla que compramos en IKEA.
Y dos maletas Samsonite.
Tardó media hora en largarse. Se despidió desde el umbral de la puerta, mientras yo seguía en el sillón con la mirada fija en la tele que ya no estaba.

Dijo... [continúa]
En el sueño, te veía así.
Desnuda, tendida en la gran cama que compartimos cuando llego. Recostada sobre un brazo, la cabeza gacha, sumida en tus pensamientos, apenas cubierta por esas sábanas blancas que tiendes porque sabes que me gustan.
Fue hace algunas noches que te soñé, y eran tan vívidas las imágenes, que me parecía ver cómo tus pechos opulentos subían y bajaban con el ritmo de tu respiración agitada.
¿Sabes que te agitas cuando te excitas?
... [continúa]
Una de tantas cosas que me dio por hacer al separarme fue eso de vivir en una ciudad extraña de un país extraño.
Siempre había querido hacer algo así.
Pero me casé y me embaracé.
Así que cuando renuncié a mi título de “señora de” me puse a Lili por montera y me largué a vivir mi aventura.
Bueno, no tanto.
Me fui con un proyecto profesional bajo el brazo y con una excedencia por si las moscas.
Del proceso de adaptación ni hablo: irse con veintinueve años no es... [continúa]
María bebe a sorbos pequeños, mirándome entre uno y otro. Raquel está sentada a mi lado, con las piernas apoyadas sobre la mesilla. Siento en la mía el beso de su cadera todavía húmeda, contemplando de reojo el caftán en el que las manchas mojadas revelan las formas del bikini. María ya no lleva el bikini. Bajo su camiseta azul se adivina nítidamente la gravedad de sus pechos, la marca puntiaguda de los pezones. Todos beben y charlan a la sombra de la terraza. Hay risas que suben de tono... [continúa]
No importa que hoy no estés aquí, conmigo, empapando mi cama con tu sudor.
No importa, porque aún, así, estando tú tan lejos, puedo beber de tus labios, de tu piel, con sólo un suspiro al otro lado del teléfono.
No hace falta que digas nada, mis pezones cobran vida propia al escuchar tu voz, toda mi piel se eriza tan solo de sentirte al otro lado.
Y cuando hablas... hablas de lo que nos gusta, de lo que vas a hacerme, de lo que harías si estuvieras aquí.
Me ordenas, te obedezco,... [continúa]
Del clan Borgia, sus enemigos lo dijeron todo, y pusieron especial énfasis en conseguir la imagen de una familia caracterizada por la doble moral y los negocios: que si el Papa se acostaba con su hija, que si ella y su hermano César eran amantes incestuosos. Vamos, que eran tiempos difíciles en los cuales la virtud entre las clases dominante eran más declamadas que practicadas.. “No confundas matrimonio con amor”, es una de las frases que recuerdo, y que da la imagen interesada y libertina de... [continúa]
Nieve y carbón, en blanco y negro.
En technicolor, pero en blanco y negro.
Dos colores, Jorge Drexler
Con él me gustaba hacer el amor de pie frente al espejo. De esa manera podía admirar a mis anchas el atractivo contraste que brindaban nuestras epidermis y el maravilloso complemento que se producía entre nosotros dos, encajados perfectamente uno en el otro como si hubiésemos sido hechos a la medida.
Su piel era oscura como una... [continúa]
En cada nuevo encuentro,
tu piel se perpetúa en mis dedos
con sólo apoyar mis manos.
Esos labios ávidos que tienes
me beben íntegra, sedientos.
Y en la fragua de fuego
que tengo entre las piernas,
te recibo anhelante y anegada
-afirmaste-.
La invasión de tu hombría
me estremece, me roba el habla,
te adueñas de mi cuerpo,
te apoderas de mi alma
-reclamaste-.
Me gusta ese anuncio que finaliza con el slogan “una infidelidad puede salirte bien”. Claro que el anuncio alienta a ponerle los cuernos a una tónica.
La primera vez que fui el objeto de la infidelidad de un hombre fue al poco de separarme. No, no voy a volver a contar cómo fue mi primera relación con un hombre casado. Él ni siquiera vivía en pareja.
Pero tenía novia.
La novia más inteligente que he conocido jamás.
O, en general, la mujer más inteligente que he conocido... [continúa]
Laura erguida tanteando a ciegas la estantería.
La observo de perfil, el brazo derecho estirado, el izquierdo apoyado sobre la encimera apenas con las yemas de los dedos. La cabeza hacia detrás, con la frente apuntando al techo y la marea de rizos castaños lamiendo su espalda. La lengua asomando por la comisura de los labios a causa del esfuerzo. El cuello levemente abombado, la cima de la barbilla suave y redondeada escapándose hacia las nubes de humedad de la pared. La oigo emitir... [continúa]
Decenas de segundos mágicos y excitantes pasean por mi mente, arremolinados… debe ser el alcohol. Esta noche me he pasado.
Estoy en el coche, tumbada a la luz de la luna. La cabeza me da vueltas, y en cada vuelta pasea delante de tus ojos, quietos, arrogantes, profundos, sinceros.
Estás de nuevo aquí, mirándome como hace unos días, pero esta vez me dices que me deseas.

Quizás porque es la primera letra del alfabeto, y porque lo primero es lo primero. Tal vez porque quienes le dieron el nombre a los otros puntos, no respetaron el orden de las letras –vaya una a saber–, ahora nuestro placer más intenso parece ubicarse en el Punto A.
Este viene a sumarse al dúo del conocido y tan controvertido Punto G y del menos mencionado Punto U, respectivamente descubiertos por el sexólogo alemán Ernest Gräfenberg –de allí el... [continúa]
En esos momentos en que la lujuria se apodera de mí, suelo acercarme a ti sigilosamente tratando de sorprenderte. Me despojo tanto de la ropa como del calzado. Camino de puntillas y me paro detrás de ti, completamente en silencio, estremeciéndome por la excitación.
Sé que sientes mi presencia, pero disimulas porque también te gusta esta especie de trampa que te tiendo. Así que te quedas quieto, dejándome hacer lo que se me antoje.
Rodeo tu torso con mis brazos, acercándote a... [continúa]
–Estoy sola... –tu voz, apenas un susurro en el teléfono–. Creo que me voy a dormir una siesta y a dedicarte algo.
Puedo imaginarte, tendida en el sillón del living, con el aire acondicionado a plena potencia en la tarde de verano. ¿Magia? Quizás lo sea. Pero te aseguro que puedo ver cómo te despojas de toda la ropa y te recuestas sobre la suavidad de la pana que no se puede comparar a la tersura de tu piel.
Te he visto hacerlo, has interpretado antes ese maravilloso... [continúa]
Gajes del oficio.
Ser La Amante también tiene sus cosas malas. No son todo rosas en el camino (aunque yo prefiero los claveles.)
Como cualquier tipo de relación, tiene sus ventajas y sus pequeñas jodiendas.
La más evidente es la certeza absoluta de que el hombre que amas hace uso de su derecho de pernada cuantas veces le venga en gana (a él o a su mujer.)
Claro que para mitigar la sensación de “vaya mierda, mi amor se folla a otra” una no deja de enumerar mentalmente... [continúa]
A veces el deseo se esconde en un retrato de novia.
Te he visto en la fotografía que nunca quise que te hicieras conmigo. El pelo uniéndose en la nuca no ya para derramarse sobre tu espalda en ondas negras como en mis recuerdos, sin el velo blanco que posiblemente abandonaste al empezar la fiesta. Es muy apropiado que sea precisamente esa foto, sin velo, la que pueda contemplar yo, que tampoco te conocí inocente. Veo tu cara de perfil, la cabeza erguida, la sonrisa que busca a ése... [continúa]
Aquí estoy: quieta, sentada sobre mis rodillas. Callada. Otra noche más... ya corre un poco de brisa del mar. Mi ventana me enseña el horizonte... ¿Y el mío? ¿Adónde está mi horizonte?
Me gusta mirarme así: callada, quieta. Me gusta sentirme tranquila. Me gusto. Me pierdo mirando mis pechos, mis pezones, me excito tocándolos, ahora más rápido, ahora más lento.
Hago círculos, me acaricio.
Y entonces... pienso en él, en ti, en ellos... y cierro los ojos, y los vuelvo a abrir, y me... [continúa]
Basada en un crimen real ocurrido en la década de 1940, Brian de Palma –director de éxitos tales como “El Precio del Poder”, “Carrie” y “Los Intocables”–, dirigió este film adaptando la novela del mismo nombre escrita por James Ellroy, uno de los mejores escritores estadounidenses de policiales negros autor de “L.A. Confidential”, también llevado a la pantalla y que es una de las mejores interpretaciones de Kim Bassinger.
Desde joven Ellroy se obsesionó a tal... [continúa]
A él
y su apetecible trasero
Era inevitable, apenas me daba la espalda, mis ojos se iban tras esas dos prominencias suyas que se me antojaban perfectas. Tamaño, consistencia, dimensiones, proporción… todo en ellas despertaba en mí unas ganas incontenibles de recorrer su relieve con ojos, manos y boca (aunque no necesariamente en ese orden).
Pero había una serie de inconvenientes: la periodista que era su novia formal trabajaba en el mismo... [continúa]
Tú sabes. Oh, sí, bien que lo sabes.
Sabes qué me gusta y qué me excita. Conoces todos y cada uno de los resortes que tienes que tocar, para que aparezca ése que tú llamas “mi primitivo”.
A solas, en la intimidad, cuando llegamos a la cama y me acuesto, estoy en tus manos. En ese cuarto, en esa cama, tú eres dueña y señora; reina y cortesana. Y como tal te comportas.
Me dejas leer durante un rato porque conoces mis hábitos y me los consientes, pero mientras yo leo,... [continúa]
Me enganché a un libro de sexo por primera y última vez
al leer a Sylvia de Béjar en “Tu sexo es tuyo”.
La idea básica de la periodista es esa: que tu sexo es tuyo.
Las mujeres tenemos tendencia a pensar que sin el hombre adecuado no somos capaces de pasarlo bien.
Tengo una compañera en el Hospital que dice eso de “no hay tía frígida, sino tíos que no saben utilizar su lengua”.
Bueno, yo tengo la teoría inversa: “no hay... [continúa]
Lo bueno que tiene una soltería tan larga (y tan bien aprovechada en algunas épocas) es que se acumula una cantidad de vivencias con gente distinta que, sin duda, cuando llegue el día en que deje de ser soltero (si llega), recordaré con un cúmulo de sensaciones que irán desde la pena hasta la sonrisita malvada, pasando por la alegría. Supongo que lo que no tendré será nostalgia.
Algunas de esas vivencias son fácilmente olvidables, pero hay otras que, aunque no despierten en mí... [continúa]
Debajo de las sábanas: te pierdes y te encuentro. Y busco las cosquillas, y te meto dentro.
¡Mmm! Y por segunda vez, o quizá tercera... puedo saborearte como cuando eras sincero, transparente, dulce y...
Adoro las mieles que tu cuerpo me otorga. De bruces desfallezco en el colchón, o en el suelo, y te dejo y me abro entera para que entres y así rozar tu pelo y con mi lengua saborear esas gotas de nuevo.

Pero... sigue sin miedo, no te detengas, miénteme y clávate bien dentro.
Que me muero.
Y no habrá mejor muerte que morirme empalada y empapada de tu miel en mi cuerpo.
Un doctorado en medicina, su especialización en ginecología, más de treinta años de experiencia en ejercicio de la profesión y la colaboración de su hija hicieron posible que publicara un manual ginecológico que las mujeres –y en especial las jóvenes– de cualquier edad y condición debería leer para conocer las características anatómicas, médicas y sexuales que tiene nuestra vagina.
“Vaginas: instrucciones de uso”, escrito por la doctora Carol Livoty junto con su hija... [continúa]

Hoy no, cariño.
Este primer día del año
nos tomamos un descanso.
¿La pasaste bien anoche?
Yo la pasé de maravillas.
Pero ahora (vos sabés,
suele pasar), me dio sueñito
Te dejo un beso sólo para vos y,
por favor, no hagas ruido al salir.
Foto: Cortesía & © by Pascal Renoux
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