Decenas de segundos mágicos y excitantes pasean por mi mente, arremolinados? debe ser el alcohol. Esta noche me he pasado.
Estoy en el coche, tumbada a la luz de la luna. La cabeza me da vueltas, y en cada vuelta pasea delante de tus ojos, quietos, arrogantes, profundos, sinceros.
Estás de nuevo aquí, mirándome como hace unos días, pero esta vez me dices que me deseas.

No me dejas tocarte, no mientras siga vestida. Estoy mareada, pero desabrocho mi blusa con la rapidez que me permiten mis torpes dedos.
Continuo con la falda que me cuesta bajarme al estar sentada. Te vuelvo a mirar. Tus ojos inquisidores me devuelven el relevo: no serás tú quien lo haga.
Acabo con la ropa interior, la dejo caer no sé adónde, y vuelvo a tumbarme rendida en el asiento. Ahí están tus ojos. No pestañeas. Me gusta que me mires así.
Cierro los ojos. Y otra vez, otra vez, y otra, y otra...
Aquí te siento.
Foto: Cortesía & © by G. Rigon