Colección Voyeur

Viernes 12 de Enero de 2007
Lo malo de ser la amante

Gajes del oficio.

Ser La Amante también tiene sus cosas malas. No son todo rosas en el camino (aunque yo prefiero los claveles.)
Como cualquier tipo de relación, tiene sus ventajas y sus pequeñas jodiendas.
La más evidente es la certeza absoluta de que el hombre que amas hace uso de su derecho de pernada cuantas veces le venga en gana (a él o a su mujer.)

Claro que para mitigar la sensación de “vaya mierda, mi amor se folla a otra” una no deja de enumerar mentalmente las ciento y una causas por las que un hombre se acuesta con una mujer, evitando conscientemente La Causa (“se la folla porque la ama”.)
Pero ya son demasiados años y demasiadas relaciones con hombres casados, y no son los celos los que a una Amante le tienen que preocupar: en tal caso, lo pasaría francamente mal.
No. Los gajes son aquellas circunstancias mucho más nimias que normalmente no encuentro en mi otra relación incipiente (léase Nico).

Las nueve . Sí, las nueve de la noche es una hora en que todas las amantes del mundo (al menos las españolas) pueden borrar sistemáticamente de su reloj. Y es que no hay casado infiel que se preste a desatender a su familia, su cena rodeado de niños y su conversación matrimonial –“¿Qué tal tu día, querida?”–, por ninguna amante, por muy buena que sea. Si te tienes que morir, elige otra hora. O no podrás despedirte de tu gran amor. Visto desde otra perspectiva, si una mujer casada quiere saber si su marido tiene una amante, no tiene más que observar su móvil a esas horas: el marido infiel apaga o aparta o silencia su infidelidad a esas horas.

Los domingos . No hay domingo para la amante. Cristóbal puede inventar una formación de esas de viernes tarde - sábado mañana, pero no habrá casado capaz de escaquearse un domingo. Así que los domingos de las amantes son como todos los domingos de las solteras: aburridos a rabiar. Ni gimnasios abiertos, ni día de compras compulsivas, ni paseítos por la playa acompañada. Lo propio es echarte un amante de fin de semana (muy recomendado.) En mi caso, soy afortunada porque mi hija colapsa mis domingos. Y desde que Nico apareció en el panorama, cuando Lili está con su papá yo estoy con él. No habrá gimnasio abierto, pero me dedico a quemar calorías sobre la base de orgasmos y posturas imposibles.

Los cines. A un casado no se le ocurre llevar a su amante al cine. Me acostumbré a ir sola al cine hace unos siete años, con mi primer amante. Ahora ir acompañada me parece un auténtico coñazo: esas conversaciones acerca de la peli nada más salir, o todas las previas para elegir la película a visionar… ¡Quita, quita! Yo voy solita. Bueno, y con Cristóbal para ver alguna pornos.
Y ya (no se me ocurre nada más.)

Lidia dice todo eso de los futuros y me río y le digo que mi futuro con Cristóbal es tan cierto como cualquier otro, sólo que es distinto.
Si temiera a la soledad, si los celos me torturasen y si no tuviera a mi Nico de turno, sería una pésima amante.
Pero ni lo uno ni lo otro.
Prefiero no enumerar las putadas de ser la novia, me extendería demasiado.

Y hablando de preferencias, yo prefiero un hombre que no esté tan a mi lado, pero sea como Cristóbal.
Ser la Amante de Cristóbal no es un camino de rosas. Pero ser la novia de cualquiera se parece más en mi caso a un camino de espinas.
Y yo, los caminos, para andar, no para llorar.

Foto: serie Les amants Cortesía y © Pascal Renoux

 
Publicado por Amanda a las 05:00

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