Colección Voyeur

Viernes 26 de Enero de 2007
Sequía

Una de tantas cosas que me dio por hacer al separarme fue eso de vivir en una ciudad extraña de un país extraño.
Siempre había querido hacer algo así.
Pero me casé y me embaracé.
Así que cuando renuncié a mi título de “señora de” me puse a Lili por montera y me largué a vivir mi aventura.
Bueno, no tanto.

Me fui con un proyecto profesional bajo el brazo y con una excedencia por si las moscas.
Del proceso de adaptación ni hablo: irse con veintinueve años no es irse con diecinueve. Te encuentras de pronto echando de menos tu casa, tu familia, tu calle, tu coche, tu cama, tus amigos, tu mamá, tu papá, tus hermanos y te pasas el resto de tu estancia buscando hacer cosas que te ayuden a no echar de menos todas esas cosas.
Pero lo peor fue que me pasé seis meses sin echar un polvo.

Lo digo en serio.
Digo en serio lo de que fue lo peor y digo en serio que fueron seis meses.
Yo no sé cuánto tiempo es capaz de aguantar el ser humano sin sexo compartido, pero os aseguro que el tope máximo de una salida convencida como yo son seis meses.
Me subía al metro y miraba compulsivamente el paquete de todos los tíos que se subieran a él.
Me paseaba por la ciudad y desnudaba mentalmente a todo hombre que se me cruzara.
Miraba una peli porno para ponerme a tono y me ponía a llorar en una especie de melancolía depresiva.
Si un hombre se acercaba a mí para pedirme fuego, le daba mi número de teléfono.

Cuando mi jefe me llamaba a su despacho, le preguntaba a mis compañeras si le iba el acoso sexual, que yo quería que mi jefe me acosara, me hiciera un poco de mobbing, lo que fuera, porque yo no me iba a resistir y no le iba a demandar.
A medida que pasaban las semanas, no sólo se me agriaba el carácter, es que se me agriaba hasta la personalidad, me iba convirtiendo en una “no-follada” que es mucho peor que ser una “mal-follada” porque al menos la mal-follada, folla; mal, pero folla.
Fantaseaba con todo Dios: con el de la panadería, con el de la lavandería, con el casero, con el vecino, con el de la pizzería, con el chino del “china-exprés” que no me entendía nunca pero es que es normal, porque yo le hablaba mirándole al paquete, hasta fantaseaba con el taquillero del metro. Cuando estás en sequía, te da igual con quien, hasta te da igual cómo, sólo quieres echar un polvo, sentir el cuerpo de un hombre, viejo o joven, tonto o listo, pero hombre, con pene, con un buen pene, un cacho pene, un pene que coger, un pene que lamer, un pene, un pene (y me dormía con esa palabra en la cabeza: “un pene, un pene”)

Lili era muy chiquita, no entendía nada: me pasaba horas con excusas absurdas hablando con los padres de los demás niños de la guardería y se me acercaba una madre y me iba corriendo a por el padre de al lado.
¡Joder! Me estaba volviendo loca.

Y me dije que una semana más, sólo una, y si no follaba, contrataba un puto.
Busqué putos en las páginas de los periódicos, pero sólo encontraba gays, hasta que encontré un anuncio que decía: “Mujer, te voy a hacer sentir muy mujer con mi fabuloso pene juguetón” y yo los ojos como chiripitas:  “fabuloso pene juguetón, fabuloso pene juguetón”.

Ese final de semana me invitaron a la fiesta anual de la empresa en la que trabajaba como formadora en habilidades directivas, y me sentaron junto a mis compañeros y me aburrí como una ostra.
Entonces pensé que me iba a casa a llamar al puto del pene juguetón, a tomar por saco, pero cuando estaba despidiéndome de mis compañeros, el Director Comercial de la empresa que era muy simpático como todos los comerciales me preguntó: “¿Por qué te vas tan pronto?”
Y le dije: “¿Tú me encuentras guapa?”
–Guapísima. Y tremendamente sexy.
–Entonces, ¿por qué no me como una rosca en esta ciudad?
–Pero bueno, no lo sé, ¿qué clase de pregunta es esa?
–Es que yo creo que tengo unas tetas preciosas, pero aquí nadie me mira el escote, ni me mira el culo, ni se me insinúa, ni me pide una cita, ni nada de nada. Y yo en España ligaba un montón y no sé si es que aquí las cosas son distintas o mis tetas ya no son lo que eran.
–Pues Amanda, no sé qué decirte, pero yo te tocaba ahora mismo esas tetas en mi cama de dos por dos.
Y el pobre no dijo nada más porque me lancé a su boca y le planté un morreo, ala, allí delante de toda la empresa y me sacó de allí y me llevó a su casa (no era verdad lo de la cama de dos por dos, que era de metro cincuenta, pero me echó dos por dos polvos que me supieron a gloria, a gloria bendita.)

Total, que no llamé al puto.
El Director Comercial y yo salimos juntos lo que me quedó de ganas de quedarme fuera de mi ciudad y me echó todos los polvos que no eché en seis meses y el tío decía que era una amante insaciable, pero no era insaciable, era una amante ansiosa.
No he tenido que pasar por algo así: al poco de volver al hospital conocí a Enrique y desde entonces mis escotes han vuelto a tener su efecto imán.
Pero me guardé el teléfono del puto. Nunca se sabe cuando puede volver la sequía…

Foto: Cortesía & © by Elena Vasileva

 
Publicado por Amanda a las 05:00

Respuestas
27 Enero 2007 - 15:30
Enviar un emailgeorge
Empiezo a tener adiccion a tus relatos, este mismo me encanta, me emociono con mi pobre Amanda que esta sola y seca, que tiene que aguantar tantas ganas, me excita de pensar, que allí habia una hembra lista para ser amada y devorada, que no me trataria como hombre ansioso, perverso, no... que es ella que se muere casi de ganas... ¿donde y como puede uno encontrar algo tan fantástico, una mujer que es mujer con ganas de verdad, una mujer que con solo rozarla o mirarla a los ojos, abriria su flor del paraiso... DONDE hay un sitio para un enamorado? Un cariñoso beso para Anamar
30 Enero 2007 - 12:15
Enviar un emailAnamar
Amanda, la verdad es que me parto de la risa cada vez que leo uno de tus posts. Tienes una gracia infinita para contar hasta las cosas más escabrosas como pasarse seis meses sin irte a la cama con un hombre. ¡Felicitaciones por ese humor y por el final de la sequía! Y a George muchas gracias por sus cariñosos besos.

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