He leído tantas veces eso de que no hay nada como la
confianza y el amor para completar una relación sexual de esas de echar cohetes,
que casi había llegado a creérmelo.
Lo que pasa es que a mí me pasa justo lo
contrario. Y claro, si a mí me pasa lo contrario, ¿por qué habría de creérmelo?
La calidad de mi sexualidad es inversamente proporcional al amor que siento y,
lo que es más curioso todavía, a la confianza que mantengo con la otra
persona.
Me explico: cuando meto en mi cama a un desconocido por el que me he
sentido atraída pero del que no sé apenas su nombre, siempre trato de
deslumbrarle y, además, de pasármelo realmente bien porque quizás aquella sea la
única vez que meta a ese hombre en mi cama.
Así que me sale el repertorio enterito: streep-tease mega hiper sexy, mamada
completita, desenfrenado cabalgar, posturas imposibles. Fuera pudores, fuera
ropa, vivan los olores, los descubrimientos, el miembro desconocido, las
lenguas, tú aquí, yo allí, arriba, abajo, encima, de lado, sin horas, sin tiempo
y todo hacia el máximo placer, la satisfacción absoluta, que el jodido este se
lleve un buen recuerdo y muchas ganas de repetir.
Pero cuando el amor me ataca, ¡Ays! Qué de tonterías.
Quiero agradar.
Qué asco.

Lencería fina y fin del streep-tease, seamos besucones, soltemos “te quiero” y
hagamos el amor con las manos entrelazadas. Posición misionero para mirarle a
los ojos mientras se corre, y unos minutitos de mamadita para demostrarle mi
amor. Cambio de posición sin que se note demasiado la celulitis, sábanas de seda
para crear un ambiente lleno de glamour, velas en la mesa, música de fondo… todo
perfectamente cursi y romántico.
Y en confianza, cuando llevas cuatro años
follando con el mismo tipo, todo es lo mismo, claro, lo que te gusta, ya lo
sabe, así que ¿para qué seguir investigando? Echamos el de siempre, con la dosis
justa de morbo, el morbo que ya conozco.
Bah, no hay nada más desalentador
que el orgasmo garantizado. Así que de vez en cuando pienso en el sexo de la
primera vez, desprovista de sentimentalismos baratos y de confianza aburrida y
me dan ganas de echarme a la calle a cazar al primero que se me antoje.
Pero
con amor las cosas no son así: con amor follas aburrido, pero follas.
Y sin amor, follarás divertido y siempre nuevo, pero, niña, lo mismo te quedas sin follar.
Y yo sin sexo, no me quedo, no me quedo.
Nadie mejor que Amanda para continuar con la sección Desde el diván que habíamos dejado olvidada desde hace tanto tiempo. Y es que Amanda -en su profesión algunos usan diván-, sabe de lo que habla, y lo dice de una manera... tan especial, tan simple, tan sin vueltas. Disfruten de sus relatos, que lo valen. Te damos, otra vez, la bienvenida, guapa.
El Director