Colección Voyeur

Jueves 25 de Enero de 2007
El deseo egoísta

María bebe a sorbos pequeños, mirándome entre uno y otro. Raquel está sentada a mi lado, con las piernas apoyadas sobre la mesilla. Siento en la mía el beso de su cadera todavía húmeda, contemplando de reojo el caftán en el que las manchas mojadas revelan las formas del bikini. María ya no lleva el bikini. Bajo su camiseta azul se adivina nítidamente la gravedad de sus pechos, la marca puntiaguda de los pezones. Todos beben y charlan a la sombra de la terraza. Hay risas que suben de tono entre el crepitar vidrioso de los cubitos de hielo.

Raquel se despoja del caftán y rápidamente se zambulle en la piscina. Bajo el agua se distingue su silueta sumergida. Asoma la cabeza y se sostiene con los brazos en uno de los bordes. La he mirado nadar plácidamente, mientras me fumaba un cigarrillo. Me observa con el agua goteando por sus pestañas y me pide unas caladas. Al volver a mis labios, el cigarrillo está húmedo justo por el filtro. Me he ofrecido a llevarle algo de beber. En la mesa que hace las veces de bar coincido con María, que también anda llenando su vaso. Comentamos algo insustancial, mientras de fondo suena la música y algunos bailan bajo las bombillas encendidas al atardecer, donde se arrebujan en el aire los mosquitos y las polillas. En un momento dado, mi cuerpo ha servido de obstáculo entre María y una botella de refresco. Ha pasado tras de mí, apretándose contra mi espalda, apartándome suavemente con una mano en mi cadera que se ha deslizado hasta acariciarme la nalga. Al volver a pasar, la he recibido de frente, con el vaso de Raquel, ya lleno, en la mano izquierda y con la derecha dispuesta a devolverle la caricia. El tacto de su culo es agradable, pienso, mientras ella sonríe y de pasada  investiga con su muslo la erección que rápidamente ha empezado a delatarme.

A Raquel el alcohol le ha entornado los ojos. Bromea con lengua de trapo, muy cerca de mi oído. María parece distraída con lo que alguien anda contando, entre las carcajadas de los demás, allá al fondo. Mi mano comienza a deslizarse con asuidad por los muslos de Raquel, que responde apretándose más contra mí. Cuando pretendía buscar a María con la mirada, por ver qué estaría haciendo, he sentido la lengua de Raquel adentrándose en mi boca. Cuando mis dedos ya se escondían y apartaban tela buscando la caricia de su vello púbico, Raquel se ha levantado, se ha recolocado el caftán reprendiéndome con una sonrisa y ha echado un vistazo a su alrededor, como temiendo que los demás nos hubieran visto. Me toma de la mano y me conduce al interior de la casa, abalanzándose sobre mí en cada recodo del pasillo, mientras mis manos la recorren con avaricia. Tras cerrar la puerta de la habitación, entre la lucha constante de nuestras lenguas, nos vamos arrancando la ropa. Su cuerpo desnudo se aprieta contra el mío. Siento el aire de su nariz arañándome la mejilla, su sabor a alcohol y saliva, la mano que recorre mi entrepierna. Me ha tumbado en el sofá y su boca ha buscado mi pene, dándole calor con el aliento y acariciándolo con la lengua. Un ruido inesperado nos hace volver la cabeza. María está junto a la puerta entornada, observándonos. Ambas se miran durante un instante. María sonríe.

 

–Al final, has ganado tú.
Raquel devuelve la sonrisa con malicia.
–Pues ven...

María me mira a los ojos mientras se acerca. Raquel sigue chupando, mientras me estremezco sobre el sofá. María ya está desnuda, junto a mí, y nos besamos sin ansia, saboreándonos a conciencia. Sus brazos se entrelazan alrededor mi cuello, sus tetas se aprietan contra mí y mis manos buscan cada rincón de su cuerpo. Nos cuesta despegar los labios por más de un segundo. María sabe a hierba mojada y aroma de noche de verano. Me la bebo en cada beso. Raquel ha dejado la felación, y la mano de María acaricia mi pene, mientras mis dedos se introducen en ella, empapándose en sus jugos.

En un instante de reposo, mientras nuestros labios entumecidos buscan el aire y el aliento de María me quema en el cuello, veo a Raquel de pie, observándonos pensativa. Sus ojos me miran fijamente, y niega levemente con la cabeza, empezando a recoger su ropa tirada. La he visto salir justo cuando María se ha sentado sobre mí, a horcajadas, estremecida por la penetración y sellando de nuevo mis labios con los suyos.

Foto: “Two Graces” Cortesía & © by Max Diesel

 
Publicado por Pablo a las 05:00

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