Colección Voyeur

Lunes 12 de Febrero de 2007
A mis pies

“La mejor manera de librarse
de una tentación
es caer en ella”
Oscar Wilde

De nuevo estamos en el pasillo, esperando el ascensor.
Cualquier persona que nos vea podría pensar que se trata de un suceso fortuito o de un encuentro más que natural, ya que vivimos en el mismo edificio y nuestros apartamentos quedan uno al lado del otro.
Sólo yo sé cuánto tiempo estuve detrás de la puerta, viendo por la mirilla como si fuese una cazadora, acechando hasta que él –mi inocente presa– apareció.
Entonces salí y lo saludé con la cordialidad de siempre. Me respondió de la misma manera, mientras para mis adentros me preguntaba cuántos segundos tardaría en ver mis pies y morderse el labio inferior. “Uno, dos, tres”, conté mentalmente. “¡Sólo tres segundos! ¡Todo un récord!”, me dije, sin poder reprimir una sonrisa.
Por supuesto, debo mencionar que esta mañana me vestí –mejor dicho, me calcé – para la ocasión, poniéndome las sandalias más sexy que tenía en mi armario, porque hace tiempo descubrí su punto débil.

Entramos juntos al elevador y por el rabillo del ojo miro cómo los suyos se encolan cual pegamento a mis cuidados pies.
Adelanto uno, para que él observe mejor mis uñas –perfectamente lacadas porque apenas ayer me hice la pedicura– y adivine la suavidad de mi piel. ¿Notará el pulido anillo de plata con el que coquetamente he adornado uno de mis dedos?
Quizás sí, porque me doy cuenta de que a duras penas contiene un suspiro. Con total premeditación, empiezo a acariciar un pie con el otro.
A medida que bajamos, en el más completo silencio, continúo rozándolos, así, como al descuido, consciente de su mirada posada sobre ellos. Cierro los ojos y en mi mente se repite una sola escena: me veo alargando el brazo y oprimiendo el botón para detener el descenso del aparato.
Luego, sin apartar mi mirada de la suya, subo un pie al pasamano lateral y le sonrío con complicidad. No hace falta decirle nada porque él agacha la cabeza y comienza a besarlo en una especie de trance adoratorio.
Me digo que esta vez sí me atreveré a hacerlo, que ya basta de fantasear, que aproveche esta magnífica oportunidad que tanto me ha costado conseguir. Finalmente estiro la mano y en pleno vuelo hacia el cajetín de mandos choco con la suya.
Abro los ojos alarmada porque pienso que se ha dado cuenta de mis intenciones y desea interrumpirme, pero de inmediato caigo en cuenta de que nos hemos detenido y que él se está inclinando amorosamente hacia mí…

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
12 Febrero 2007 - 11:27
Enviar un emaildalton
oh.... el ascensor.... si supieras todo lo que pienso..sobre tal situacion.... si estas en la tarde.... quizas..
13 Febrero 2007 - 16:37
Enviar un emailgeorge
La mujer conoce bien sus poderes si invita al macho con tanto arte y le invita así de claro, ella domina a el y consige lo que quiere, porque el siempre esta listo y con ganas. ¿donde esta ese fabuloso elevador? ademas creo, que casi todas/os son unos reprimidos, esconden, mienten como pueden, para esconder sus verdaderas ganas de amar y ser amado (follar). un beso para mi querida Anamar
19 Febrero 2007 - 01:15
Enviar un emailAnamar
Dalton, no me vas a creer esto: ¡Ese día me quedé atrapada en un ascensor! Aunque la situación no se pareció ni por asomo a la descrita en mi relato. Mi querido George, el elevador está por allí, más cerca de lo que piensas. Muchas gracias a ambos por leer y dejar sus comentarios. Besos

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