En el silencio de la espera...
Aquí, donde no hay ruidos, ni risas, ni lamentos...
Aquí te siento.
Cierro los ojos, y despiertas en mi de nuevo, como un manantial vivo de aguas cristalinas.
Como un huracán fuerte que me empuja a excitarme.
Como una tormenta de nieve que me empapa..
Aquí te siento.
Sola, en silencio, lamiéndome los dedos y esperando tu llegada. Ansiosa, nerviosa, dulcemente caliente. Te siento y sin tocar apenas tu efecto reside en mi. Me sofoca, me mueve, me agota. Dos gotas de sudor perlan mi cara, pero no puedo abrir los ojos, y mis dedos... y mi boca se humedece, y con ella y con mi lengua te revivo, te recuerdo...
Aquí te siento.

Tumbada boca arriba, con una mano en el pecho y la otra... ¡qué sé yo! Perdida.
Perdida entre los labios que te pierden, deseando ser lengua y contorsionarme hasta sentir lo que sientes, lo que siento, lo que anhelo, lo que sueño...
Aquí te siento.
Acariciando mi piel dorada y arrebatando los escalofríos al aire, para metérmelos dentro, muy dentro, con fuerza, con rabia, con vicio, con pasión.
Aquí te siento.
Mi cabello se enreda de pensarte llegar, me muevo fuera de mí, más fuerte, más rápido, y tú... y tú...
Me matas.
Foto: Cortesía y © Brian Nelson