A las seis de la tarde, llegando del trabajo, me encontré a Jaime bajando las escaleras. Yo tengo la costumbre de subir hasta mi quinto piso caminando, a pesar de que tenemos un flamante ascensor. Y Jaime tiene la costumbre de bajar desde su tercero dando esos pasitos de mariquita. A mí me hace reír porque pasa por mi lado y me dice: “¿Has visto? ¡Ni Norma Duval ni ná!”
No tengo ni idea de quién es Norma Duval, lo he buscado por Internet y lo único que encuentro son noticias de que se acostaba con un hombre feísimo casado y éste se divorció y ahora la ex mujer de éste le intenta sacar mucha pasta y también está el ex marido de ella que tiene 60 años y actúa como si tuviera 20. Pues imagino que Norma Duval es una diva de esas que bajaba escaleras con mucho glam.
Entonces me dice Jaime: “Lulu, preciosa, ¿te vienes a una fiesta gay?”
Y yo: “¿Y a mí que se me ha perdido en una fiesta gay?”
Y él: “A lo mejor conoces allí a la mujer de tu vida”.
Bueno, pues fui (pero no por lo de la mujer de mi vida, más bien para ver si Jaime se emborrachaba y acababa declarándome que, en realidad, no es gay, si no que está enamorado de mí.)
Jaime esperó a que me vistiera y me llevó a un piso cerca de la Sagrada Familia, donde nos abrió la puerta un tío con un porro en la boca y una boa de esas de star color azul al cuello. Yo pensé que me había metido en el rodaje de una película de Hollywood: en el salón había un montón de tíos fumando y bailando una música rarísima, algunos vestidos a lo Drag Queen y algunas tías con pinta de lesbianas.
Jaime se puso a charlar con un amigo y yo me quedé arrinconada. Me serví una copa de un ponche que ni idea de lo que había y me quedé media hora así, mirando y tratando de que Jaime me hiciera algo de caso.
Entonces se me acercó una tía, y yo “Ya estamos. Ahora le tendré que contar que soy hetero” y entonces dijo:
–Lulú, Lulú, ¿Qué haces aquí? ¿Tú también entiendes?
Y yo pensando, “¿Qué quiere decir eso de si entiendo?” y entonces caí que era María del Mar la de Compras de mi empresa.

Pues ella muy animada y hasta contenta:
–Joder, tía, no sabes cuánto me alegro. Estoy hasta los huevos de los reprimidos de la empresa y yo sin poder contar que soy less.
–Pero yo no lo soy.
–Tranquila, no diré nada. Pero es curioso porque por la ofi todo el mundo comenta que estás liada con Josep, ¡Ja ja ja ja ja! Serán tontos.
Claro, eso fue peor. Porque estuve a punto de decirle que sí, que estoy liada con Josep y no soy less o lo que sea, pero no podía, así que preferí decirle que soy less. Joder, en menuda historia me he metido.
Pues la fiesta acabó divertida y a las tres de la mañana Jaime me dijo que nos íbamos. Se había cabreado con un tío no sé por qué.
Regresamos a casa y yo iba preocupada y entonces le conté qué me había pasado y él se empezó a reír:
–Lulú, eres la tía más ingenua que he conocido en mi vida.
–Lo que soy es gilipollas.
–No digas eso: tú eres preciosa e inteligente y tienes ese punto de inocencia tan bonito, joé, no cambies nunca.
Y dicho esto me dio un beso en los labios, sin lengua, pero en los labios.
Luego se quedó en el tercero y yo subí hasta el quinto pensando “Vaya mierda, ahora todo el mundo en la ofi creerá que soy less y encima Jaime me besa como si fuera su hermana pequeña”.
Llegando a casa me encontré con Sandra despierta.
Me preguntó qué tal había ido y si quería una copa.
Le conté lo que me había pasado y entonces ella me dijo:
–Si a Josep le llega eso de que también te gustan las mujeres, se va a poner como una moto y lo tendrás rendido a tus pies durante mucho más tiempo.
–No te entiendo nada.
–Lulu, Jaime tiene toda la razón: eres completamente ingenua.
No había ya Haagen Dasz, así que al tercer cubata que nos tomamos las dos, caímos rendidas.
Luego en la cama pensé en porqué estaría Sandra despierta a esas horas. No sé, creo que tiene un amante.