Mis últimos amantes eran auténticos amantes del condón. No digo que utilizasen condón por obligación, responsabilidad o cierto nivel de conciencia. No. Digo amantes de enamorados, forofos, maníacos, fans del puto condón.
Y me permito lo de puto con total licencia: no hay nada más feo que un condón. Bueno sí, una polla enfundada en un condón. Pero es lo que nos ha tocado vivir, con eso del Sí da, No da, embarazos no deseados y la larga lista de ETS que pululan entre cuerpos y fluidos: gonorrea, sífilis, clamidias, hongos… si quieres ser feliz follando, has de estar vivo y sano, así que, por muy engorroso y asqueroso que sea, ¡viva el puto condón!
Pero todo esto de los condones y de mis ex amantes y su colección de ídem (de menta, de fresa, estriados, finos, extra, efecto calor, efecto retardante y no sé que memeces más) me hace pensar en los amantes que van de amantes y en realidad son unos puritanos de aquellos de la inquisición pero con condón.
Me explico, que luego me preguntáis de qué coño va el post: existen algunos hombres que se dedican a contarte todo lo que te van a hacer y te hacen todo lo que te cuentan, pero se ponen un condón mental para no sentirse culpables por ello.
Es como ducharse después de hacer el amor, o pedirte que te limpies para comerte el coñito o ponerte desodorante en tus partes o colocar una toalla en la mesita de noche: en el fondo, les da asco ser guarros.
Y unas de las cosas que yo defiendo con mayor ahínco es lo de ser guarro con la conciencia muy limpia y nada de ser limpio con la conciencia muy guarra o, lo que es mucho peor, ser guarro con la conciencia muy sucia.
Yo he tenido amantes así.

De esos que te hacen sentir sucia porque estás disfrutando y estar disfrutando está mal, está mal para ellos y está mal si tú lo sientes, pero claro, con el calentón del momento todo está permitido, pero luego, ay, amiga, límpiate, lávate, purifícate, aléjate y no me vuelvas a mirar así, que me tientas otra vez y no, no, no, el sexo es malo.
Malo pero te haces pajas como todos, ¿verdad, querido?
Y después de hacértelas, te sientes fatal, ¡Oh, qué horror! ¡Me he hecho otra paja más!
Pues yo pienso que el sexo es lo más limpio que hay, el sexo sucio, porque es tu sexo, tu cuerpo, el suyo, un instante de intimidad, y un increíble momento de libertad.
Es curioso cuántos hombres hay así, tan de liberados que van ellos, y qué pocas mujeres son así, de hecho, sólo son así las mujeres cuyos amantes las hacen sentir sucias, ellas, que conciben el sexo como el Gran Momento, su amor hecho suspiros, muchos más liberadas de lo que ellos puedan serlo jamás, pero reprimidas en el cuerpo del hombre que, inquisidor, les dice “Quieta, voy a desahogarme en ti, pero tú quieta.”
Así que cuando aparece un nuevo amante en mi vida y me dice: “¿Podemos hacerlo sin condón? Quiero sentirte entera” yo le digo: “Ni de coña, encanto, pero sólo con pensarlo me has provocado tal excitación, que nos vamos a pulir mi caja entera de condones de colores.”
La blogsulta de hoy era: “Le amo, Amanda, pero no sé, me hace sentir sucia.”
Foto: Cortesía y © Elen