Colección Voyeur

Lunes 12 de Marzo de 2007
Revelada

Al placer de probar
siempre
cosas nuevas

Pocas veces entro en el cuarto oscuro, porque comprendo que se trata de tu espacio y que cuando te encierras aquí también es tu tiempo, por lo cual prefiero no incomodarte con mi presencia. Pero hoy me ha apetecido acompañarte mientras revelas tus fotografías.
Me agrada esta intimidad que se respira en el reducido ambiente y además debo decir que durante el proceso todo constituye un festín para mis sentidos: la oscuridad apenas rasgada por luz del bombillo rojo, el aroma de los distintos líquidos que me hace cosquillas en la nariz, el silencio casi reverente que mantenemos ambos y que tan sólo rompemos para comentar sobre los particulares de algún negativo, nuestros cuerpos que se rozan de vez en cuando al estar tan cerca el uno del otro…
Mientras te veo trabajar, comienzo a juguetear distraídamente con un rollo de película virgen que ha quedado sobre el mesón. Lo desenredo y luego lo vuelvo a enredar en el carrete. En un momento dado enrollo la película en uno de mis dedos y me doy cuenta de que me agrada cómo se siente, así que procedo a envolverla en torno a mi brazo. Entonces noto que me estás observando con especial atención y que en tus labios se dibuja una de esas sonrisas pícaras tuyas que me encantan.
–¿Te gusta? –preguntas.
–Mucho –te contesto. –¡Es una sensación riquísima!
–¿Si? –vuelves a preguntar, al mismo tiempo que me quitas el rollo de película virgen de las manos y comienzas a desenrollarlo muy lentamente, sin dejar de escrutarme con tu mirada inquisidora ni de sonreír. –Entonces desvístete.
Sin pensarlo dos veces, me despojo del vestido y de la ropa interior que llevo. Quedo desnuda, de pie frente a ti, que te acercas y, luego de besar mis labios con ternura, me dices al oído:
–Cierra los ojos, amor, y pon las manos hacia atrás.

Apenas lo hago, siento que empiezas a enrollar con mucho cuidado y lentitud la película fotográfica en torno a mis caderas, tapando de esa manera tanto mi sexo como el principio de mis muslos, además de maniatar mis brazos  atándolos a la espalda. Me estremezco de pies a cabeza porque la sensación es harto placentera, provocando en mí un gozo enorme.
Varias preguntas cruzan por mi mente: ¿Por qué reacciono de esta manera? ¿Es por la novedad de sentir el filme alrededor de mi cuerpo o por el hecho de que me estás inmovilizando, dejándome a tu merced? ¿Qué es esto que se apodera de mí y me nubla toda capacidad de entendimiento? ¿Qué te propones hacer? Quisiera manifestarlas; sin embargo, prefiero concentrarme en esta especie de trance sensorial en el que me voy sumergiendo.
Tú continúas, callado y dedicado a lo que estás haciendo. En este momento cubres mi abdomen con varias vueltas de filme y llegas hasta mis pechos; los envuelves muy bien, apretándolos con fuerza. Me muero por saber lo que estás pensando justo ahora, pero cuando abro a boca apoyas tus dedos en mis labios y tan solo dices:
–Shhhh…
Entonces, sin necesidad de que añadas nada más, comprendo que también quieres que me abstraiga y me dedique únicamente a sentir, que me entregue a la experiencia sin reservas ni distracciones. Debe ser por eso que la próxima cosa que haces es cubrirme la boca y los ojos con el resto de película que queda en el rollo. Y ahora sí, aquí estoy, desnuda, inmovilizada, ciega y muda frente a ti.
Gracias al celuloide percibo las miles de gotas de sudor que resbalan por mi piel, totalmente erizada y muy caliente. Mi carne palpita al contacto de esta textura hasta ahora desconocida, pero a la que mi cuerpo responde como si la conociera desde siempre y la estuviera añorando. El latir alocado de mi corazón me ensordece. Imagino que mi excitación se va imprimiendo en la película, dejándola marcada cuadro a cuadro con el ardor que emana de mis poros, abiertos como flores diminutas.
Siento cómo te acercas a mí y me rodeas con tus brazos. Percibo tu cara junto a la mía y el calor de tu aliento en mi cuello. Entre todos los olores circundantes, logro reconocer el aroma embriagante de tu deseo, haciéndome estremecer de nuevo.
Metes primero tu lengua en mi oreja y a continuación una de tus manos en mi entrepierna. Acaricias la parte interna de mis muslos largo rato, hasta que los separas un poco y empiezas a palpar mi vulva. Te posesionas del monte de Venus, reclamando unos derechos de propiedad que sabes te pertenecen sin discusión. Abres mis labios, buscando esa que llamas “mi perla” y cuya dureza ahora fraguas entre tus dedos. Frotas sin parar, dejándote guiar por la forma en que, revelada, me estremezco y gimo.
Oigo que tomas tu cámara con la mano libre y sé que te aprestas a fotografiar el clímax que se anuncia.

Foto: Cortesía & © by Dominique Lefort

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
12 Marzo 2007 - 10:06
Lolita
Ya te había leído alguna que otra vez...ya sabes que estos temas son mi vida ;) 1besito erótico... www.blogs.ya.com/lolitaenelsigloxxi
12 Marzo 2007 - 18:21
Lolita
no encuentro el e-mail de la web, lo siento al no poder ayudarte... espero que me sigas leyendo. 1besito, Lolita. www.blogs.ya.com/lolitaenelsigloxxi
13 Marzo 2007 - 08:33
Enviar un emailAntonio
Muy sutil y a la vez apasionante sensasión erótica, me encanta leer ese tipo de escenas que despiertan y estimulan los sentidos hacia nuevas vivencias, me encanta, un beso
13 Marzo 2007 - 11:27
Enviar un emailFran Santos
Sencillamente genial!!!!!!
13 Marzo 2007 - 16:31
Enviar un emailgeorge
Que bien explicas como se puede encontrar una PERLA, una perla rosada!!! besos para Anamar
19 Marzo 2007 - 13:41
Enviar un emailAnamara
Muchísimas gracias a todos por dedicar unos minutos de su tiempo a la lectura de mi relato y además por dejar sus comentarios. Fue un verdadero placer compartir esta experiencia con ustedes. Besos

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