Colección Voyeur

Lunes 26 de Marzo de 2007
El jugador

Lí, sempre lí, nel mezzo
Una vita da mediano, Luciano Ligabue

Esa tarde estaba en los jardines del club para aupar al equipo de futbolito conformado por el grupo de amigos que frecuentaba en aquella época. Casi todos ellos se dedicaban más a las fiestas hasta al amanecer, a consumir bebidas alcohólicas y a seducir cuanta mujer se les atravesara que a los deportes. Así que sus condiciones físicas no eran las mejores para esa actividad y eso quedó en evidencia apenas se inició el partido.
Por el contrario, los chicos del otro equipo entrenaban –no futbolito, sino fútbol– todos los días y su físico era envidiable, por decir lo menos. Como mis amigos perdían por una diferencia muy amplia y sólo muy de vez en cuando marcaban algún gol para festejarlo, me dediqué a contemplar a mis anchas y sin ningún tipo de pudor a aquellos maravillosos ejemplares del género masculino.
Había uno en especial que sobresalía del grupo, no sólo por su espigada estatura, sino también por sus piernas musculosas, bien torneadas y completamente bronceadas. El resto del cuerpo, cubierto por una camiseta sin mangas y unos pantalones cortos, se adivinaba perfecto. Tenía un atractivo que iba más allá de su apostura, ese algo que es tan difícil definir con palabras y que sólo puede resumirse como sex appeal.
Lo observé tanto y de una manera tan detallada que él terminó por darse cuenta de que lo estaba viendo. Cada vez que uno de los numerosos pases que hacía a sus compañeros terminaba en el fondo de la red, se volteaba y me dirigía una sonrisa, contribuyendo a aumentar mi embeleso. Incluso en dos ocasiones me mandó besos soplados, a los cuales respondí de lo más complacida.
El partido concluyó con la esperada derrota de mis amigos. Mientras ellos estaban en los vestidores cambiándose de indumentaria, entré al baño de damas, que estaba completamente solo. Cuando me disponía a salir luego de utilizarlo, cuál no sería mi sorpresa al encontrar allí al muchacho en cuestión.

Estaba parado frente a mí ¡completamente desnudo! Se limitó a tapar su sexo con una mano y apoyar la otra en el marco de la puerta del sanitario, al tiempo que decía:
–Noté que me mirabas con especial atención e imaginé que te gustaría ver el resto.
–¿Ver? ¿Cómo se te ocurrió tal cosa? –respondí, riendo, de puro excitada­–. Lo que realmente deseo es devorarte y no precisamente con la mirada.
Y después de admirar y sentir bajo mis dedos la fuerza de su cuello, de acariciar con ojos, manos, lengua, nariz y labios aquel pecho completamente desprovisto de vellos, de sobar sus portentosos brazos, de tocar un largo rato tanto sus pectorales como sus abdominales para convencerme de que sí estaban esculpidos a cincel, de beberme cada una de las gotas de sudor que escurrían por aquella piel de oro y de tocar esa vena que palpitaba sobre su cadera izquierda, le pedí:
–Ahora sí, déjame ver qué ocultas allí, debajo de tu mano.

Foto: Cortesía & © by André Mey

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
27 Marzo 2007 - 16:50
Enviar un emailgeorge
Yo te hubiera dicho: "tu quieres ver todo, pero antes me enseñas tus preciosidades, tienes que excitarme para que mi miembro es de un tamaño presentable". ¡seguro, despues de una sesión con tigo, su equipo ya no podia contar mucho con so ayuda! un abrazo Anamar
04 Abril 2007 - 11:36
Enviar un emailAnamar
George, muchas gracias por tu comentario. Me has hecho reír y quizás utilice tu frase en otra historia. Besos

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