No me llames para contarme que estas comiendo en un restaurante caro pero que ninguno de los platos te apetece tanto como mi cuello… por no hablar del resto de mi cuerpo, no me digas que la comida no es tan divertida como nuestros juegos ni me cuentes que vuelves a tener ganas de recorrer todo mi cuerpo, de arriba a bajo, con los dedos, con la lengua…
Paga y vente, que llegaras con frió y yo seré quien te caliente.
Bésame al entrar y deja que yo haga el resto. Me gusta verte así, con cara de niño grande, descolocado, ansioso…
Bebedizo infernal es tu cuerpo y lo sabes, pócima extraña que me convierte en mujer licenciosa. Y contra más lo bebo mas deseo beber, mas me lleno de ti mas deseo llenarme.

Deja que nuestras ropas se vayan quedando por el camino, que no me importa, solo quiero disfrutar junto a ti, saciarme, acariciar tu piel como si nunca mas pudiese hacerlo, viajar de forma obscena por tu espalda, por tu vientre o tus caderas hasta que mi boca se encuentre justo en frente de tu pene… mientras mis manos te dicen cuanto me gusta ese exquisito momento no dejes de mirarme a los ojos, y no me alces que no quiero estar frente a tu boca… hoy prefiero otra cosa…
Abandónate que luego ya sacare el hacha y te pediré guerra, pero mientras disfruta de la golosa avidez que siento, de mi lengua lasciva, curtida en el deseo…
Si tuvieses idea cómo te disfruto…
¡Ay! No sé.
¿Como puedo explicarte que me colmas y a la vez me vacías?
Foto: Cortesía & © by Frank Luxumbra