He tardado un poco en volver a escribir pero es que me van pasando tantas cosas que cuando me voy a poner a actualizar sucede algo nuevo y así todo el rato: así no hay quien actualice a tiempo.
El viernes que salí con Julián sí pasó algo, si es que se le puede llamar “algo” al hecho de que cuando nos sirvieron los cafés con hielo en el Mercat de Santa Catherina, Julián me tomó la mano y me dijo: “Me gustas, Lulú.”
Tendría que haberle dicho: “Tú también, Julián”. Pero en lugar de eso retiré mi mano y pregunté si se podía fumar y cuando me dijeron que no, salí fuera y fumé en la calle y me sentí como una idiota, fumando sola mientras un tío guapísimo y soltero y además hetero me estaba esperando con dos cafés con hielo en la mesa de un restaurante realmente cool.
De allí, Julián y yo nos fuimos a tomar un Havana con Coca Cola en el Miramelindo y entonces, después de criticar a media empresa y también a la otra media, volvió a tomar mi mano y preguntó:
–Yo no te gusto?
–Sí.
–Ah.
–Ya.
–Bueno.
–Sí.
Vaya mierda de diálogo. Me acompañó a casa y me dejó, otra vez, en la puerta, sin preguntar si le invitaba a una copa, cosa que tampoco podía hacer, porque Sandra estaba aun despierta, según pude ver por la luz de la cocina encendida y su silueta tomando lo que luego supe era un escocés.
Al encontrarme con ella la sentí muy afectada y nos pusimos a hablar un rato y me dijo que había sorprendido un mensaje en el móvil de papá que decía: “Memoriza este número porque ya no tengo el móvil anterior. Te quiero.”
Se puso a llorar y yo le dije: “No llores y dile que te lo cuente todo”. Pero ella dijo que hay cosas que es mejor no saber. Aunque no entendí mucho esto, me imaginé el daño que podría hacerle a Lorena si supiera lo mío con Josep, pero luego pensé que eso era una tontería porque yo nunca escribiría un “te quiero” a Josep porque yo a Josep no le quiero.
Al día siguiente me fui al cine con Andrea y por la noche Jaime vino a casa todo mariconazo gritando “¡Oe, Lulu, Oe! Cuéntamelo todo ya, niña, pero todo todito” y por un momento me di cuenta de que Jaime es gay de arriba abajo y además es un cotilla.
Estuvimos hasta las seis de la mañana hablando de Josep, Julián y papá y luego hablamos de él y entonces me contó algo que me dejó muy pensativa: me dijo que antes de conocer a su primer novio, se había enamorado de una mujer.
–Y hiciste el amor con ella?
–Claro, Lulú, yo ya tenía veinticuatro años!
–Y te gustó?
–Meter es meter en todas partes igual.
–No te entiendo nada.
–Ven aquí, Lulú, que te quiero vecinita, que sin ti esta casa y esta calle y este barrio serían una mierda.
Y dicho esto… ¡me besó!
¡Me-be-só!
Pues vale, no con lengua, me dio un beso en la boca con sus labios y nada más. Pero yo tan contenta como si me hubiera dado el morreo de mi vida.
–Oye, y por qué no te enrollas con ese Julián y dejas ya al tonto del jefe?
–No lo sé.
–Ays, preciosa mía, el día en que te enamores otra vez…
–Yo ya estoy enamorada.
Eso se me escapó después del impacto del beso.
–¿De Josep? Tú eres gilipollas.
–Y tú marica.
–Y a mucha honra… mira, mira como camino con aires de Star.
Y se puso a caminar por el salón y como nos habíamos fumado un porro me entró la risa y venga a reír y así diez minutos hasta que nos quedamos dormidos en el sofá con las colillas de los porros y el olor a hachís.
Esa semana no pasó nada especial hasta el miércoles.
Josep estaba de viaje y Lorena trabajando y preguntándome cosas todo el rato y yo agobiada pensando en Julián, en mi padre, en Sandra y hasta en Andrea, que le había visto condones en la habitación XXL así que me quedé un poco con las ganas de conocer al nuevo novio de Andrea.
Entonces el miércoles Josep me mandó un mensaje diciendo que había mentido a Lorena contándole que volvía el jueves, pero estaba ya en Barcelona y quería que nos viéramos en La Casita Blanca, un sito al que vamos a veces, para amantes y guarros en general (tiene unas habitaciones con espejos y películas porno muy limpias pero muy guarras).
Pasé la noche con él y fue realmente maravilloso. Se notaba que los celos por lo de Julián lo tenían más amante y cariñoso que nunca. Me besó desde la punta de los pies hasta la punta de los pechos y permaneció abrazado a mí diciéndome “te amo” durante largas horas.
Por la mañana, llegando a la ofi, la recepcionista se rió al verme y luego se rió mi compañera de mesa Natalia y entonces vi un ramo de flores y yo me fui a la tarjeta directamente pensando que era Josep y que no la viera nadie.
Pero no.
Era de Julián. Y decía: “Te invito este sábado. Y esta vez no te escapas.”

Y el sábado no me escapé. Ni una sola de las veces que Julián, dulce y encantador, me hizo el amor en su pisito del barrio de Gracia, con música de Barbra Streisand de fondo. Eso se lo tengo que contar a Jaime, lo de Barbra digo, porque él siempre dice que no hay nada mejor que echar un buen polvo escuchándola a ella. Yo, la verdad, de si ella cantaba o era otra ni me enteré…
Julián me estaba llevando a mundos en donde hasta la música, sobraba…
Foto: Cortesía & © by Gary M Photo