Para Ángel
Como presagio de goces nocturnos compartidos, se manifiesta tu piel de seda entre sábanas blancas y fundas de almohadones con volados. Tu cuerpo desnudo se revela ante mis ojos como un anticipo del placer que será puro regocijo para todos mis sentidos.
Despliegas los brazos como las alas de un ángel, y elevas las opulentas colinas de tus pechos rematadas por esas fresas palpitantes que son tus pezones.
Y entre esas colinas que se me antojan de leche y miel, el desfiladero que conduce al sereno valle que es tu vientre; a la hondonada del ombligo, al declive de tu pubis inmaculado y a esa hendidura húmeda que es tu sexo de mujer.

Percibo tu respiración agitada como un indicio del vértigo que se avecina; te recorro con la mirada, te anhelo con la imaginación, te deseo con el cuerpo y te siento con cada latido de mi corazón.
Allí estás, tendida y expectante. Una cascada de reflejos tu cabello sobre la almohada. Ansiosa y excitada. Los muslos entreabiertos, invitando a franquear la entrada. Sensual y apasionada.
Esperándome.
Y en la penumbra de la habitación, esas dos esmeraldas que son tus ojos verdes adquieren destellos dorados cuando sonríes y susurras:
–Así... sólo para tus ojos.
Foto: Cortesía & © by Janosch Simon