Colección Voyeur

Lunes 16 de Abril de 2007
Provocativa

Don’t stop what ya’ doing
what ya’ doing to me.
Hot Chocolate, You Sexy Thing

Cuando mi marido dijo “Quiero que te hagas un video sexy para mí” supe que era la oportunidad que desde hacía varios meses estaba esperando para volver a encender la chispa del deseo en nuestra relación, la cual estaba algo apagada tras varios años de matrimonio. Así que complaciendo su petición, contacté a un camarógrafo especializado en ese tipo de trabajos, le expliqué lo que tenía en mente e hice una cita para realizar la filmación con él.
Unos días antes, salí de tiendas y me compré la ropa interior más sugerente que conseguí. Al probármela en casa me di cuenta de que se me había pasado la mano, por lo cual más que sugerente las prendas que adquirí me hacían no sólo ver sino también sentir como una verdadera zorra. Lo que en realidad me complació sobremanera, ya que he de confesar que cuando mi marido me pidió esto se me ocurrió hacer algo más que un simple video erótico y quise sorprenderlo con unas imágenes mucho más osadas de las que él quizás se esperaba. Si la idea era reavivar el fuego, pues un poco de leña no estaría de más, ¿verdad?
Llegué al establecimiento y el asistente me hizo pasar a una habitación para que me cambiara, diciéndome que su jefe estaba dando los últimos toques a las luces, el sonido y el decorado. Le aclaré que ya había hablado con el camarógrafo y le había dicho que deseaba un sencillo fondo negro y nada más, para que yo fuera en el centro de atención. Le entregué el disco compacto con la música que yo misma había seleccionado, además de recordarle que debían entregarme el video en formato digital. Luego de asegurarme que todo estaba dispuesto según mis órdenes, se marchó.

Me desvestí para ponerme el conjunto que había elegido entre los varios que compré: un sostén negro de media copa con rosas rojas bordadas alrededor del borde y un bikini a juego, complementado con medias de malla rojas y unos zapatos negros de tacones altísimos. Me maquillé según la fotografía que había recortado de una revista: labios muy rojos y sensuales, ojos delineados en negro, con varias capas de máscara que alargaran mis pestañas. Luego batí mi melena hasta que quedó como deseaba.
Al verme en el espejo de cuerpo entero, comprobé una vez más que en efecto tenía toda la apariencia de una mujerzuela y que tanto mi mirada como mi manera de desenvolverme no eran las habituales. Había sufrido una transformación con sólo ponerme aquellas prendas y darme aquellos toques de maquillaje. Me sentía endemoniadamente atractiva, lasciva incluso. Ello me dio una enorme seguridad en mí misma para hacer lo que tenía en mente.
Salí de la habitación con paso firme y me encaminé al estudio. Por la reacción del camarógrafo al verme supe que había acertado en mi escogencia e intuí que él también me encontraba provocativa. Sin rodeos, me comentó que al conversar conmigo había notado que yo era una mujer sensual, pero que ahora, al verme en persona, estaba convencido de que también era muy sexy.
Me alegré de que pensara de esa manera, porque eso me ayudaría a llevar a cabo mis planes.
El camarógrafo pidió que me parase frente a la tela negra que serviría de fondo para realizar una prueba de iluminación previa, hizo sonar la música y me pidió que inclinara el cuerpo un poco hacia delante, colocara una mano en mi muslo y otra más abajo, agregando que a partir de allí era libre de hacer lo que se me ocurriera, que hiciera como si él no estuviese presente. Obedeciendo sus instrucciones, me coloqué en la posición que me había indicado y comencé a balancear mis caderas.
Al principio me movía con cierta rigidez, pero poco a poco me fui soltando, tratando de seguir el ritmo de la música y lo que me dictaba mi propia sensualidad, que se despertaba lentamente e iba adueñándose de mí como una especie de ensoñación. Él me alentaba, diciéndome frases como: “Así, lo estás haciendo bien”, “Te ves muy atractiva” y otras similares.  Aunque de vez en cuando también me invitaba: “Vamos, sé que puedes verte más sexy”, “Provócame” y “Muéstrame un poco más”.
En un momento dado tuve ganas de despojarme del sostén. Quise hacerlo de una manera sensual, como había visto en varias películas y videos de strip-tease. Se lo hice saber al camarógrafo, pidiéndole que me ayudara con sus indicaciones. Era obvio que estaba en manos de un especialista, porque fue guiando cada uno de los pasos.
Al concluir e incluso sin ver la filmación, supe que había quedado muy bien ya que advertí la agitación de él, evidente en su respiración cada vez más acelerada y en la forma en que se humedecía los labios repetidamente.
Sin pensarlo ni un momento, le pedí que se acercara. Dejó la cámara y cubrió los pocos pasos que nos separaban. Cuando lo tuve en frente, lo atraje hacía mí, lo rodeé con mis brazos y lo besé con toda la sensualidad que me invadía en ese momento. Pegó su cuerpo al mío, restregándose para hacerme sentir la dureza de su sexo. Esta acción me excitó mucho más de lo que ya estaba.
Comenzamos a manosearnos, dando rienda suelta al deseo y la atracción que había surgido entre nosotros. Me quitó el bikini y se arrodilló ante mí. Aquellos labios que había estado humedeciendo una y otra vez ahora se adueñaron de mi vulva, besando, lamiendo y chupando con fuerza. Acabé en su boca, chillando de satisfacción, mientras él bebía de mí. A continuación se puso de pie y me besó. Enloquecí con el sabor de mi sexo mezclado con el sabor de su boca.
Quise arrodillarme para ahora chuparlo a él, pero me retuvo y viéndome a los ojos me pregunto si no prefería hacerlo con su asistente mientras él me penetraba. Aunque en mis planes no había pensado en aquella posibilidad, acepté de inmediato y me dispuse a disfrutar de una situación que no se me había ocurrido ni siquiera en mis fantasías más extravagantes.
¡Me sentía en la gloria total! Dos hombres para mí sola era mucho más de lo que había imaginado o pretendido.
De regreso a casa, entré al estudio donde se encontraba mi marido trabajando en el computador, puse el disco de video en sus manos, envuelto en un primoroso paquete como si se tratara de un regalo, y le dije “Para ti”. De inmediato lo destapó e insertó en el lector, mientras el sistema se cargaba me arrodillé entre sus piernas y abrí la bragueta de su pantalón. Oí el suspiro y el comentario de “Tú sí sabes lo que me gusta” con que aprobó mi iniciativa.
A medida que transcurría el video y yo intensificaba tanto la succión como el toqueteo, notaba cómo su respiración se aceleraba y su hombría crecía y se endurecía en mi boca. Por la forma en que se contrajeron los músculos de sus piernas y se incorporó en la silla para ver mejor, adiviné que ahora estaba viendo mi strip-tease. Me preguntó hasta dónde me había atrevido a llegar, si había sido capaz de desnudarme por completo frente a otro hombre y quién era él.
Intuí que las imágenes que estaba por ver lo sorprenderían e incluso lo trastornarían, pero ni por un instante pensé en detener el video ni en dejar de mamar. Quería que supiera exactamente la clase de mujer que yo era.

Foto: Cortesía & © by Michael Avran

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
17 Abril 2007 - 16:35
Enviar un emailANGEL...
BELLO Y EXCITANTE REGALO...PLACER QUE SE REGALA A LOS OJOS DE ESE HOMBRE ... Se trata de una mezcla de feromonas masculinas y aroma a rosas. La sustancia se rocía entre las diez y las once de la noche, cuando ya puedes disfrutarlo a full excelente post Anamar... Me encanto, un beso
17 Abril 2007 - 16:30
Enviar un emailgeorge
Anamar, eres una muy buena escritora y me haces pensar en una vida casi demasiada perfecta, que chica mas erótica y que buena eres con tu marido, tu sabes que hay que hacer para que el mundo sea mas agradable, me haces soñar de tiempos mejores, de fantasias vividas. ¿me envias el video? jiji un fuerte abrazo
23 Abril 2007 - 11:52
Enviar un emailAnamar
Ángel, me complace mucho que te haya encantado mi relato porque a mí me encantó escribirlo. George, sé que sí le pides un regalo así a la mujer que amas, no necesitarás una copia de mi video. Gracias y muchos besos a los dos

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