Colección Voyeur

Domingo 22 de Abril de 2007
DOUZE

Toca hablar un poco de maman.
Cuando mi madre se separó de mi padre yo era un bebé y mamá se empeñó en que no perdiéramos nunca el contacto y él ejerciera como padre aunque nos separase la distancia que existe entre París y Barcelona, que aunque sigue siendo la misma, ya ahora me parece mucho menor.
Pues mi madre me sacó adelante con la ayuda de mis abuelos y mientras me sacaba adelante, se iba a rayos UVA, al gimnasio, a Pilates, a Yoga y a todo lo que se pusiera de moda. Total, mamá es una snob de esas guapísimas y muy superficial pero detrás de sus semanales mis-en-plis y sus depilaciones foto no sé qué, es una señora.
Cuando yo tenía siete años se casó con un señor muy alto y muy rico que nos llevaba con su barco por la Côte d’Azur pero se volvió a separar. No hace mucho me contó que se separó por aburrimiento y digo yo que sería sexual, porque lo del barco era muy divertido.
Hasta que no conoció a Antoine, su actual marido, vi a unos cuantos hombres. Algunos se quedaban en casa durante meses y luego un día ya no estaban. Y otros se quedaban a dormir una noche y luego llamaban mucho por teléfono y mamá decía: “Lulu, coge tú y di que no estoy” y yo “Mamá dice que no está.”
Pero mamá tuvo su gran historia de amor, como todas las mujeres apasionadas y románticas. Él se llamaba Laurent y recuerdo bien su cabello abundante rizado con algunas canas y su manera de caminar con desenfado.
Laurent y mamá se conocieron, en realidad, gracias a mí: era el papá de mi amiga de la infancia Flo y se enrollaban en las fiestas de cumpleaños.
Flo y yo les sorprendíamos besándose en la cocina mientras decían que iban a colocar las velas al pastel, y nos reíamos cuando los dos se miraban como tontos a la salida del Lycée.

Duró tres años. Mamá era entonces más guapa y más snob que nunca, pero también era más feliz y más risueña de lo que jamás ha vuelto a ser. Se escribían cartas a través de Flo y de mí, y Flo y yo las leíamos y nos moríamos de la risa, todo eran “Je t’adore, mon coeur” y cosas así.
Creíamos que iban a casarse y yo estaba contenta de que se casaran, pero de pronto, un día, mamá lloraba y lloraba, y estuvo llorando durante muchos días más y Flo me contó que Laurent ya no quería oír hablar ni de mí ni de mamá.
A la salida del Lycée, cada uno se colocaba muy lejos del otro, ni siquiera se miraban, y ya no hubo más fiestas de cumpleaños juntas. Ese mismo año, tras el final del colegio, mamá me cambió de Lycée y hasta de arrondissement y no volví a ver ni a Flo ni a Laurent.
Antes de la boda con Antoine le recordé a Laurent.
Mamá se quedó un momento quieta y luego dijo: “Los grandes amores, Lulu, son los que no tienen un final feliz.”
Nunca supe qué pasó entre ellos.
Pero creo que a pesar de los años y del tiempo, Laurent vive en mi madre y algo de mi madre se murió para quedarse, para siempre, en Laurent.

Foto: Cortesía & © by Kate Cymmer

 
Publicado por Lulú a las 05:00

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