Aclarando conceptos, antes de empezar:
IMC es igual a Índice de Masa Corporal, es decir, un numerito más para catalogarte entre delgada, normal, gorda y foca.
CI es igual a Cociente Intelectual, resultado generalmente obtenido de una prueba en concreto (WAISC) o más bien una escala de pruebas que cuantifican cultura general, memorización, capacidad espacial, comprensión lectora, capacidad categorizadora, y un ligero etecé más.
Del primero ni hablo: el día que vea desfilar a modelos de la talla 42 pensaré que el mundo se ha vuelto loco y no me creo nada.
En el segundo me entretengo: inferior a 70 se considera retraso mental, de 70 a 85 anormalidad, de 85 a 100 normalidad justita, de 100 a 115 tirando a inteligente, de 115 a 135 este tío es inteligente y más de 135 este tío es un genio.
Puntuación máxima 166 (CI de Einstein, a pesar de la leyenda urbana de que era autista, tonto y un fracasado escolar).
Puntuación que obtuve a los 14 años: 145. A los 17: 127 (el alcohol, que es muy malo). A los 25 años: 112 (los porros). A los 28: 139 (dejé el alcohol y los porros y me pasé al Cardhú y las setas salvajes). Último parte a los 35: 162 (mucha lectura y mucho follar que va bien para las neuronas).
No os creáis nada: conozco todas las respuestas de memoria debido a que lo he pasado a más de 350 personas en una tesis doctoral, pero me divierte hacer el gilipollas con el test y aparentar que soy la hostia o soy tonta perdida.

Pero todo esto viene a que hoy he tenido que hacer un CI a una tía que tenía a medio hospital embobado y al otro medio empalmado, que la niña debía de tener un IMC perfecto, y unas tetas de escándalo a juzgar por sus transparencias, pero va y me saca un 100 pelao, que es como decir: bueno, no es retrasada. Pero tonta un rato.
Y me viene José Antonio:
–Dime Amanda, dime qué ha sacado, porque si es más de 140 te juro que cometo una infidelidad, la invito a cenar, qué bombón, qué pasada, dime que además de ese cuerpo hecho para pecar, tiene un cerebro hecho para conversar.
Y yo
–José Antonio, un 100.
–¿Un 100? ¡Joder! –me dice–, ¡Jo-der! Es… es... ¡es tonta! Coño, Amanda, te lo ruego, dame su teléfono, y el del abogado de tu divorcio, que me caso con ella. ¡Me caso con ella!
Y se va murmurando: “Un IMC de 18 y un CI de 100, qué delicia, qué joya”.
José Antonio es un puto genio.